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21.6.11

Tenemos tantos obstáculos en el camino que podemos entrar a un nicho y congelarnos allí durante una reencarnación entera.

El problema es que tenemos que pasar por las fases del conocimiento del mal: confusiones, decepciones y correcciones. Y en cada lugar uno tiene legitimación para justificarse y comportarse como si supiera qué hacer, y por eso es tan difícil llegar a la verdad. Sólo si uno tiene cierta demanda por la verdad, no se contenta con lo que tiene y quiere únicamente llegar a la verdad, entonces comprende que en cada estado está sobre la mentira, y como resultado se arrepiente y se corrige. Debemos llegar al estado en el que el trabajo mismo sea el banquete y yo disfrute de él. Si trabajo para el Rey, estoy dispuesto a quedarme en el estado que llamamos “este mundo”, y no exijo nada salvo una sola cosa: agradecimiento y ya está. Este es todo el trabajo y toda mi recompensa. Y no sabré a quién otorgo, nada. Me desconecto de todas las comprensiones, alcances y sentimientos. Y con esto, después de todas estas correcciones, probaré el sabor real de la Torá. Sólo la relación entre el Creador y el creado se denomina amor. Los TaRIaG (613) deseos son en relación al prójimo, y por ello se me revelan solamente como resultado del trabajo en relación al prójimo. Después que uno llega al conocimiento del mal, llega una Luz especial para cada deseo y lo corrige, y entonces los deseos se corrigen con la intención y con el fin de otorgar y entonces se dice que hay en ellos Luz. En un principio, sólo hay Luz y un punto de “presencia de la ausencia” que fue creado; el resto sólo viene como resultado de las relaciones entre el Creador y el creado, que quiere encender entre ellos el fuego del amor. “No hagas a tu compañero lo que odias para ti mismo”: no se debe gozar con el mal de otros. Cuando llego a esto, el mundo recibe una forma completamente distinta. Me despojo de uno de los filtros de los ocultamientos y veo un nuevo mundo, veo a los demás sin ningún tipo de actitud respecto a mí, a mi ego, sin ningún interés propio. Este es un nivel muy trasparente, claro, porque se revela por sobre todas las mundanerías del hombre. Y de tu interior comienzas a recibir esa misma actitud y sensación respecto a ti mismo y a los demás que se llama “Creador”. Y no otorgamos a los egoístas, es imposible llenar de esta forma a cada uno. Sin embargo, la actitud entre el individuo y su compañero en amor al prójimo puede suceder sólo entre amigos de un mismo grupo o sociedad, que aceptaron estar en Arvut (garantía mutua), en sociedad espiritual, en la que se revela la fuerza general del otorgamiento, el Creador. Amar al prójimo, conectar a mí su deseo, para llenarlo, y así unirnos en uno. Yo actúo hacia él como Creador y él actúa con respecto a mí como Creador, y en la medida que su deseo me activa, yo soy más grande que él y esto es el amor. Yo no lleno el deseo egoísta del prójimo sino que descubro en él el deseo de estar conmigo en un solo sistema, en el que la Shejiná (Divinidad) residirá entre nosotros, y yo debo proveerle mi apoyo con Arvut y esto es lo que se llama amor. Esto no marcha sólo en una dirección, debe haber una red de conexión en la que fluyan las relaciones de unión, Arvut mutua, en la que cada uno sostiene al otro y el ego se encuentra por debajo de nosotros sin considerarlo. Entonces revelamos la Divinidad, el atributo mutuo de otorgamiento y amor entre nosotros.

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