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27.12.11

¿Es necesario que nos esforcemos por la unificación máxima que podamos imaginar en un momento dado?

Tenemos que esforzarnos por la máxima unificación y por una sensación de unidad cada vez mayor comenzando del punto que alcanzamos en la convención y tratar de elevarnos por encima de él a pesar de todas las perturbaciones. Así comienza la vida espiritual. Por un lado, este punto de unidad se hace cada vez más sutil y sensible, mientras que por otro lado, tú tienes cada vez más acceso a él. Tú comienzas a desarrollarte por ti mismo dentro de él y empiezan a surgir en ti diversas interacciones con tu primer estado espiritual, aun sin que seas completamente consciente. Pero mientras vuelves una y otra vez, surge en ti cierta actitud, cierta aproximación, una revelación de este estado. De esta manera, te traes gradualmente a un mayor contacto con este punto. Y este se expande, adquiere todo tipo de propiedades internas, ciertos “órganos”, como con una persona a quien no conoces y de repente comienzas a ver que sus cualidades se manifiestan. Tienes que expandir gradualmente este punto a las primeras diez Sefirot, entonces, tú comenzarás a sentir su existencia en tu interior. La aceleración de este proceso depende sólo de ti: cuan frecuentemente intentarás entrar en este punto una y otra vez. Tú serás echado fuera, pero de nuevo tratarás de volver a entrar. De esta manera, la cantidad se transforma en cualidad. Cada persona que sintió este punto de unidad, e incluso aquellos que no lo sintieron, pueden alcanzarnos, experimentarlo (porque este ya existe, ya nació, existe por fuera de nosotros) y desarrollarse de forma independiente en un ritmo que depende sólo de la persona misma. Según la medida en la que sea ella jalada desde este punto y en la medida que ella se esfuerce por volver a este, así avanzará.

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