El uso correcto del ego A través de la historia, la humanidad ha tratado de diversas formas de anular el ego o reducirlo artificialmente en orden de alcanzar la igualdad, el amor y la justicia social. Revoluciones y cambios sociales han ido y venido. Pero todo ha fallado, porque el balance sólo puede alcanzarse al combinar correctamente el máximo poder de recepción con el máximo poder de otorgar. La ley común de todos los organismos es la conexión altruista entre elementos egoístas. Estos dos elementos contradictorios – egoísmo y altruismo, dar y recibir – existen en cada materia, criatura, fenómeno y proceso. En el nivel material, el emocional o cualquier otro nivel, encontrarás siempre dos fuerzas y no sólo una, las cuales se complementan y crean un balance la una de la otra y se manifiestan en formas variadas: como los electrones y protones, una carga negativa y una carga positiva, el rechazo, la atracción, lo ácido, lo alcalino, el amor y odio. Cada elemento en la naturaleza mantiene una relación recíproca con el sistema que lo mantiene, y estas relaciones consisten en un armonioso dar y recibir. La naturaleza aspira a llevarnos a la perfección, a una dicha ilimitada. Por lo tanto, la naturaleza ha infundido en nosotros un deseo por disfrutar. No hay necesidad de cancelar este deseo. Más exactamente, se trata de cambiar la forma en la que usamos nuestro deseo de disfrutar, moviéndolo desde un enfoque egoísta a uno altruista. La evolución correcta es usar el poder máximo del deseo de disfrutar que está en nosotros, pero en su forma correcta. Además, ya que el ego es nuestra naturaleza, es simplemente imposible luchar en contra de él o restringirlo en forma definitiva, porque eso sería ir en contra de la naturaleza. Si tratásemos de hacerlo, descubriremos que somos incapaces de hacerlo. A pesar de que nuestro estado presente no nos indica que esa naturaleza desea que disfrutemos, esto es así porque la naturaleza perfecta no aparente en ninguna criatura antes que alcance su forma última. Tal como una fruta que atraviesa varias fases hasta que ha madurado. Incluso sus fases anteriores, no muestran ninguna evidencia de su dulce y buen aspecto al madurar, al contrario, se muestra lo opuesto hasta el final: entre más dulce es la fruta más amarga es en las primeras fases de su desarrollo. Lo mismo aplica a los humanos: nuestro estado presente no es el estado final y completo, puesto que nuestro ego no ha completado su desarrollo. Esto es el por qué nuestro estado se ve negativo, de todas formas, así como la fruta en el árbol, no hay nada en nosotros que necesitemos arruinar, o si no, no habría lugar en nosotros en donde empezar. La fuerza del ego es una cosa maravillosa. Nos trajo hasta aquí y gracias a ello alcanzaremos también nuestra perfección. Es el ego el que nos empuja hacia adelante y facilita el progreso ilimitado. Sin él, no hubiéramos evolucionado como una sociedad humana y no seríamos fundamentalmente diferentes a los animales. Finalmente, gracias a nuestro ego, hemos alcanzado ya una situación donde debemos conectarnos dentro de una gran familia. El truco es encontrar la mejor y más sabia forma de usar nuestro ego, para progresar hacia la conexión altruista con los demás. No deberíamos suprimir nuestras direcciones egoístas, al contrario, debemos usar el poder de la influencia social lo más eficazmente para el desarrollo social. Por ahora, normalmente, pensamos en la envidia y el honor como términos negativos. Pero en vez de apreciar a las personas que son exitosas en usar a la sociedad para ellos mismos, con propósitos egoístas, nosotros elogiaremos a las personas que contribuyen a la sociedad y condenaremos a aquellas que no lo hacen. Así, las personas empezarán a envidiar en un modus operandi positivo. De esta forma, nuestras inclinaciones naturales nos capacitaran para obtener balance con la naturaleza y crear un mundo más sostenible.Cuando el Ser Humano descubre la verdadera esencia del Creador y se comporta segun esa naturaleza, de otorgante o dador, ese acercamiento es tan intenso, que se da cuenta que no necesita de su religion, esta permanece solo como parte de su entorno cultural y social en este mundo.
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El uso correcto del ego
El uso correcto del ego A través de la historia, la humanidad ha tratado de diversas formas de anular el ego o reducirlo artificialmente en orden de alcanzar la igualdad, el amor y la justicia social. Revoluciones y cambios sociales han ido y venido. Pero todo ha fallado, porque el balance sólo puede alcanzarse al combinar correctamente el máximo poder de recepción con el máximo poder de otorgar. La ley común de todos los organismos es la conexión altruista entre elementos egoístas. Estos dos elementos contradictorios – egoísmo y altruismo, dar y recibir – existen en cada materia, criatura, fenómeno y proceso. En el nivel material, el emocional o cualquier otro nivel, encontrarás siempre dos fuerzas y no sólo una, las cuales se complementan y crean un balance la una de la otra y se manifiestan en formas variadas: como los electrones y protones, una carga negativa y una carga positiva, el rechazo, la atracción, lo ácido, lo alcalino, el amor y odio. Cada elemento en la naturaleza mantiene una relación recíproca con el sistema que lo mantiene, y estas relaciones consisten en un armonioso dar y recibir. La naturaleza aspira a llevarnos a la perfección, a una dicha ilimitada. Por lo tanto, la naturaleza ha infundido en nosotros un deseo por disfrutar. No hay necesidad de cancelar este deseo. Más exactamente, se trata de cambiar la forma en la que usamos nuestro deseo de disfrutar, moviéndolo desde un enfoque egoísta a uno altruista. La evolución correcta es usar el poder máximo del deseo de disfrutar que está en nosotros, pero en su forma correcta. Además, ya que el ego es nuestra naturaleza, es simplemente imposible luchar en contra de él o restringirlo en forma definitiva, porque eso sería ir en contra de la naturaleza. Si tratásemos de hacerlo, descubriremos que somos incapaces de hacerlo. A pesar de que nuestro estado presente no nos indica que esa naturaleza desea que disfrutemos, esto es así porque la naturaleza perfecta no aparente en ninguna criatura antes que alcance su forma última. Tal como una fruta que atraviesa varias fases hasta que ha madurado. Incluso sus fases anteriores, no muestran ninguna evidencia de su dulce y buen aspecto al madurar, al contrario, se muestra lo opuesto hasta el final: entre más dulce es la fruta más amarga es en las primeras fases de su desarrollo. Lo mismo aplica a los humanos: nuestro estado presente no es el estado final y completo, puesto que nuestro ego no ha completado su desarrollo. Esto es el por qué nuestro estado se ve negativo, de todas formas, así como la fruta en el árbol, no hay nada en nosotros que necesitemos arruinar, o si no, no habría lugar en nosotros en donde empezar. La fuerza del ego es una cosa maravillosa. Nos trajo hasta aquí y gracias a ello alcanzaremos también nuestra perfección. Es el ego el que nos empuja hacia adelante y facilita el progreso ilimitado. Sin él, no hubiéramos evolucionado como una sociedad humana y no seríamos fundamentalmente diferentes a los animales. Finalmente, gracias a nuestro ego, hemos alcanzado ya una situación donde debemos conectarnos dentro de una gran familia. El truco es encontrar la mejor y más sabia forma de usar nuestro ego, para progresar hacia la conexión altruista con los demás. No deberíamos suprimir nuestras direcciones egoístas, al contrario, debemos usar el poder de la influencia social lo más eficazmente para el desarrollo social. Por ahora, normalmente, pensamos en la envidia y el honor como términos negativos. Pero en vez de apreciar a las personas que son exitosas en usar a la sociedad para ellos mismos, con propósitos egoístas, nosotros elogiaremos a las personas que contribuyen a la sociedad y condenaremos a aquellas que no lo hacen. Así, las personas empezarán a envidiar en un modus operandi positivo. De esta forma, nuestras inclinaciones naturales nos capacitaran para obtener balance con la naturaleza y crear un mundo más sostenible.
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