La meta de la sociedad es elevarnos al nivel
humano. Esto es posible sólo mediante la grandeza del Creador, la
cual no vemos en medio de nuestra oscuridad. Pero es en la oscuridad que podemos
establecer nuevos valores entre nosotros que no tengan bases egoístas.
Sabemos que esos valores no tienen ninguna
justificación, puesto que de lo contrario, surgirían de nuestro ego. Pero la
base espiritual está por encima del ego, como la de Yesod que
está por encima de la Sefira de Maljut. Así que todo depende
de la base que elijamos: ¿es sólo polvo totalmente inanimado o polvo del suelo
(Adamá) que ya se asemeja (Domé) al superior, como un hombre
(Adam), similar al Creador?
Todo depende de nuestras prioridades y de lo que
consideremos importante. Nosotros comenzamos a jugar con la importancia del
Creador, del maestro, del grupo, del estudio y este se vuelve un juego serio y de la
mayor importancia en el grupo. Esto se debe a que dentro de nuestro ego, en
nuestro deseo, sólo vemos oscuridad. El ego crece constantemente, incrementando
así la oscuridad. Pero si en la cima de esta oscuridad nosotros desarrollamos la
grandeza de nuestra meta común, todos en el grupo reciben combustible y energía
para avanzar a través de la oscuridad.
Esto significa que en vez de avanzar mediante la
vara que nos empuja desde atrás, elegimos por nuestra cuenta ser atraídos hacia
adelante hacia la grandeza del superior, hacia la grandeza del atributo de
otorgamiento, a la ayuda mutua, conexión, amor y todos los valores supremos que son
específicos de la naturaleza del Creador. En este propósito se basa el grupo cabalístico y
como tal, debe mantenerse al buscar constantemente de manera cada vez más
precisa su meta, su base,. Los miembros del grupo cabalístico son héroes en
calidad y no en cantidad. Sólo las personas que realmente pueden avanzar de esta
manera deben unirse al grupo. En eso yace nuestra fortaleza, porque queremos
lograr la mayor similitud posible con la Luz, crecer en altura y no en
ancho. Y es por esto que nos reunimos aquí, para
establecer una sociedad en la que cada uno de nosotros siga el espíritu de
otorgarle al Creador. Y para lograr el otorgamiento al Creador, debemos comenzar
con el otorgamiento al hombre, lo cual es llamado “amor por los demás”. (De “El
propósito de la sociedad”, Rabash).

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