Este
es un ego de un nivel completamente diferente. Aparece en la medida en
que la persona anhela la integralidad (la integración) y sólo aparece
en estas personas. Es como un cuerpo nuevo que ahora quieres crear. A
propósito, específicamente tú lo creas y nadie más. Al unir pequeñas
células egoístas al nuevo cuerpo, empiezas a sentir cómo estar partes
están en oposición una con la otra, en conflicto, en contradicción y
esto es así realmente en nuestro cuerpo. Si tomamos un átomo, entonces ¿no están opuestos el más (+) y el
menos (-), no se oponen uno al otro? Sin embargo, sin una alianza entre
ellos, no existiría el componente desde el cual toda la materia pudo
crearse. Desde dentro del conflicto y la conexión de los opuestos, empezamos a obtenerlo todo. Nosotros mismos, por medio de nuestros esfuerzos y a través de los
atributos positivos y negativos que aparecen en nosotros igualmente,
creamos, formamos esta imagen, este sistema integral que es llamado “Adan”
(hombre/humano). Nosotros anhelamos positivamente la conexión entre
nosotros y en vez de aquello, recibimos influencia negativa,
separación. Nuevamente con esta separación, anhelamos la conexión al
próximo nivel y nuevamente nos rechazamos los unos a los otros con el
nuevo ego. Y así cada vez nos elevamos a una nueva integración. ¿quién es el hombre aquí? “Adan” es lo que conecta juntas
las dos fuerzas opuestas de la naturaleza. Estas dos fuerzas no son
nuestras. Nosotros las vemos desde lejos: Ahora yo odio a los demás,
anhelo amarlos, conectarme con ellos y soy rechazado por ellos. Dentro
de mí operan dos fuerzas de la naturaleza. Yo mismo soy un componente
neutral, pero al usarlos como dos riñones o dos fuerzas opuestas, la
positiva y la negativa, construyo un cuerpo humano espiritual.
Este es el cuerpo que existe, como un dipolo, egoísmo y altruismo, por
medio de los cuales se apoyan mutuamente el uno al otro.

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