Dr Laitman:
Esto fue de hecho una revelación muy interesante y conmovedora para mí.
Yo normalmente nunca tengo problemas para hablar porque vivo dentro de
lo que digo, en general, de igual manera que alguien que habla acerca
de su familia o de un trabajo interesante, hablo sin cesar y en
combinación con cualquier otra cosa, de lo que es más importante para
mí. Pero repentinamente yo descubrí que era incapaz de hablar. Suucedió
incluso antes del evento; uno poco antes, simplemente no podía entender
lo que me estaba pasando. En Jerusalén, hubo una reunión seria con
una gran audiencia. Alrededor de un tercio de ella, 1000 personas de
cada 3000, eran personas que vinieron sólo porque fueron invitadas. No
eran estudiantes nuestros, amigos nuestros. Y yo realmente deseaba
hablar bien en mi presentación. Porque con mis alumnos, aquellos que
anhelan conocer y que están involucrados, con ellos estoy en contacto. Ellos caminan a mi lado: en ascensos,
descensos, mejores y peores momentos, todos experimentamos juntos el
camino. Pero en este caso, con tanta gente nueva que asistió, yo quería
mostrarles lo que estamos haciendo, lo que ofrecemos y yo no tenía
fuerza alguna para hablar, yo no dejaba de mirar el reloj: pasaban un
minuto, dos minutos. Yo quería tratar de hablar por lo menos durante
media hora; yo no sabía qué hacer conmigo mismo. Entonces se hizo
evidente para mí: yo no estaba lo suficientemente bien preparado como
para hablar con estas personas. Esto tenía que ocurrir en un nivel
totalmente diferente, en el nivel de unidad con el grupo. Normalmente, yo hablo por mi propia
cuenta. Es decir, los estudiantes me dan su apoyo y yo los siento a
ellos, siento nuestra unión común, colectiva, pero aun así hablo por mí
mismo. Éste no fue el caso. Aquí necesitaba la disposición del grupo
para que durante esos minutos en los cuales yo estuve en el escenario,
pudiera sentir realmente a los amigos como si estuvieran a mi lado,
completamente. Ese es el deseo que sentí, esa necesidad. En otras palabras, el apoyo tiene que
ser no sólo en simpatía, “el amigo fue allí y nosotros estamos
apoyándolo”, sino en ayuda mutua, ¡No, yo estoy ahí con él! ¡Yo estoy
con él ahora, al mismo tiempo! Nunca había sentido tanta necesidad de
unidad. Yo absorbo la energía de mis estudiantes
con el fin de proporcionarles lo que ellos quieren. Siento el deseo de
ellos, todo tipo de matices, de fluctuaciones en el estado de ánimo de
ellos, y en general, los diversos estados espirituales. A pesar de que
no es culpa de los amigos, puesto que yo no los había preparado para
ello, pero en ese preciso momento lo único que yo quería era que ellos
estuvieran “dentro de mí” de forma consciente. Eso fue lo que me faltó. En realidad, hemos subido a un nivel
totalmente nuevo en el que tenemos que hacerlo todo juntos. Ya no hay
“yo” y “tú”, juntos trabajamos en la creación de un poder con nuestros
deseos unificados, con nuestras aspiraciones hacia la revelación del
mundo para poder sentir la fuerza real dentro de esta unidad. Si digo
algo, tú ustedes están conmigo, si lo oyen, yo estoy con ustedes. Este es el tipo de inclusión mutua que
necesitamos y eso es lo que aprendimos hace dos días en Jerusalén:
Nuestra relación está volviéndose mutua. ¡Yo estoy muy contento por
eso! Esto significa que muchos de mis estudiantes están elevándose cada
vez más a mi nivel y ahora somos capaces de comunicarnos entre nosotros
en este grado. Espero que continuemos interactuando así con los demás y aún más, lo cual representa un todo integral. No hay maestro, conferencista
o estudiantes que escuchan, en vez de ello hay una cosa en común, ¡el
deseo completo que quiere revelar el propósito de la vida! Creo que
podemos hacerlo.
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