Siempre
experimentamos la fuerza superior, la impresión superior en nosotros,
como algo increíblemente disfrutable, placentero, satisfactorio y muy
deseable. Lo experimentamos como un obsequio. Viene inesperadamente, sin ninguna preparación de nuestra parte. Aun cuando
trabajamos duro y nos esforzamos por obtenerlo, su aparición siempre es
sorprendente. Dentro de este obsequio sentimos amor.
Este amor, manifestado en el efecto de la Luz en nosotros, provoca en
nosotros un efecto instintivo en la Luz a cambio. Entonces lo más
importante es lograr este obsequio, el primer impacto de la Luz sobre
nosotros. Este amor
es mucho más profundo que el obsequio en sí, ya que es medido por la
grandeza del dador antes que por el valor del obsequio. Es similar en
nuestro mundo: si no me importa el dador, entonces me enfoco en el valor
del obsequio. Supongan que recibo algo de la compañía en la que
trabajo, entonces naturalmente, soy indiferente a esto. Pero si ese
obsequio me es entregado por una persona especial, entonces no importa
lo que me está dando. Podría darme una simple pluma, pero lo que me
importa es sólo la señal de su atención, porque lo mido no por el valor
del obsequio sino por la grandeza de esta persona. De la misma manera definimos lo que sentimos en el mundo espiritual. Si ya estamos en el alcance espiritual, entonces cuando sentimos el impacto de la Luz en nosotros, respondemos de forma instintiva a ello con el surgimiento del amor en nosotros. Pero si
aún estamos en nuestro mundo, más allá de la sensación del superior,
entonces aquí debemos cultivar esta cualidad artificialmente. En otras
palabras, debemos hacer un esfuerzo y tratar de expresar gratitud,
exaltar al Dador ante nuestros ojos, aun cuando no lo sentimos y en su
lugar, sólo sentimos Su trabajo en nosotros: de pronto comenzamos a
comprender más, sentir más y experimentar nuevas sensaciones internas. Esto me
conecta con el Dador. Tan pronto como siento que recibo un pequeño
efecto positivo en la forma de sensaciones o sabiduría, debo
inmediatamente desarrollar gratitud dentro de mí. Esta expande la
sensación del obsequio. Entonces, incluso si el obsequio es pequeño,
comenzaré a sentirlo como mucho más grande, dentro de este, podría
incluso sentir al mismo Dador. Por lo
tanto, al estar en nuestro mundo, en nuestros estados, debemos responder
de forma correcta a varios cambios espirituales en nosotros; aun cuando
podrían no ser tan espirituales aún, pero algo ya está surgiendo en
nuestros sentidos y mente. Debemos responder a ello con gratitud y
exaltar al Dador, al otorgamiento, ante nuestros ojos. Entonces, esto se desarrolla y expande nuestros órganos de percepción, nuestros sensores. Al movernos hacia delante de esa manera, comenzamos gradualmente a alcanzar al Creador
y es por eso que Sus obsequios son de valor al grado que podamos hacer
seguir a esto con una experiencia más profunda de Él después de todo. Es
decir, el obsequio es una especie de mediador, una comunicación entre
Él y yo.

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