Nosotros reformamos los deseos que han atravesado la ruptura. La
persona se encuentra cara a cara con su inclinación al mal, y ella la
percibe como propia, es decir, ella tiene la culpa de ésta. Ella no se
identifica a sí misma con el punto en el corazón
y no puede observar su deseo desde un lado como el material que le
dieron para la corrección. Hasta el momento, ella no se apega al Creador,
quien creó esta inclinación al mal, sino que se identifica con la
inclinación al mal en sí. La Luz todavía no ha aclarado su deseo y no lo
ha separado de la persona para moverla hacia el lado del Creador. Por
lo tanto, cree que ella es la mala y no que lo es la inclinación al mal. La Luz no la ha reformado lo suficiente,
no ha iluminado sus deseos, de tal manera que la persona no ve la
fuente de todo el mal y de todo el bien. En otras palabras, ella no se
considera sujeta a un poder singular más allá del cual no existe nada
más y no se da cuenta de que está siempre gobernada por una fuente que
determina la maldad de los deseos y cómo corregirlos. Ella aún no entiende que tiene que pedir
que se le revelen los deseos egoístas y saber cómo corregirlos. Después
de todo, todo lo hace la Luz que Reforma, que revela primero la línea
izquierda. En la medida en que uno se esfuerce por alcanzar la
corrección total, el otorgamiento, según la cantidad de esfuerzo que
ejerza, la Luz viene a ella y le revela su inclinación al mal. Ella tiene que orar para que el Creador le muestre qué le falta para alcanzar la perfección. La oración
es revelar el deseo de ser humano, de ser perfecto, fiel al Creador y
de otorgar. Revelar lo que necesito para alcanzar la perfección es ver
las deficiencias que tengo que corregir con el fin de lograr el bien. Pero yo no pido que mis deficiencias se
revelen, la persona es incapaz de hacerlo. Debido a nuestra naturaleza,
sólo podemos pedir buenas condiciones. Nuestro trabajo es llegar a la
comprensión de que todos los deseos, corregidos y sin corregir, están en
las manos del Creador. El hombre es ese pequeño niño inteligente que
sabe cómo pedirle correctamente al Creador. Entonces todo este
monstruo se revelará: la inclinación al mal, el egoísmo, el Faraón, que posteriormente cambiará y se transformará en una inclinación al bien, a modo de restricción, de la pantalla y la Luz Reflejada. Todo esto desciende desde Arriba, como
está escrito: “Creé la inclinación al mal y la Torá para corregirla,
puesto que la Luz en ella reforma”. Entonces, ¿dónde puede participar la
persona, puesto que el Creador dijo que todo proviene de Él? Lo que la
persona necesita es consciencia, una oración por un buen estado. Pero ella no quiere pedir lo bueno,
después de todo, su naturaleza es la inclinación al mal. Así que ella
tiene que utilizar el poder del grupo que le infundirá estos buenos
valores, aunque no necesariamente puede sentirlos. Parece como si
estuvieran jugando; ellos están organizando un buen estado y a través de
este influyéndose unos a otros. Así, la persona logra un deseo cada vez
mayor hasta que la Luz lo reforme finalmente. Todo esto está arreglado para no robarle
a la persona su libre albedrío. Ella tiene que ser consciente de que
simplemente está actuando, mientras que en realidad no tiene ningún
deseo por nada de eso, y que ella se opone al estado verdadero y
perfecto. Cuanto más se acerque al correcto estado, mayor el libre
albedrío que se le da, más se revela el pecador que hay en ella y más
dudas se desarrollan en ella con respecto a la necesidad de este camino.
Ella tiene que discernir estas cosas, comparándose a sí misma en
contraste con la otra parte, comparando el bien y el mal. Por lo tanto, todo nuestro trabajo se basa en la libertad de elección
y todo lo que tenemos que hacer es ofrecernos nosotros mismos a la
influencia del grupo que hemos construido, de acuerdo a nuestra
comprensión del mundo espiritual. Tenemos que jugar así, para que el
grupo nos afecte a todos como si todo esto fuera cierto. Entonces,
todos llegaremos a la verdadera plegaria.

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