Al menos
durante medio siglo, ha existido la tecnología, de acuerdo a la cual no
sólo las habilidades técnicas son necesarias, sino también habilidades
de relación con las personas, pero no las habilidades de hace 20 o 30
años. Hoy, tiene que haber un grupo amigable en el cual las personas
entiendan claramente lo que deben lograr juntas. Ellas se relacionan
entre sí de forma amable y mantienen constantemente una atmósfera
positiva en el trabajo. Sólo de esta manera pueden trabajar
efectivamente y realizar las soluciones más inesperadas. De pronto, todo
se conecta, se integra en una sólo interacción amable, mutuamente
complementaria y ellas tienen éxito en todo. Resulta, que no es la especialización lo que afecta la calidad y
resultado del producto de ellas, sino sus relaciones. Ellas determinan
el éxito más que la especialización. Es por eso que, al contratar a la persona, el empleador debe tener en
cuenta no sólo su especialización profesional, sino muchos otros
factores. Si un profesional, incluso si es un especialista de alto nivel, es un
individualista, estorbará a los demás; si trata de escalar sin
compasión usando a las personas como “piedras de apoyo”, entonces toda
la empresa estará condenada al fracaso y viceversa.
Por lo tanto, al considerar los candidatos, el empleador debe tomar
en cuenta los dos criterios principales: la especialización y la
capacidad de la persona para interactuar en un grupo.

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