Baal HaSulam,
“La Libertad”: Por lo tanto, ellos fueron liberados ciertamente del
ángel de la muerte, porque la muerte es necesariamente una ausencia y
negación de la existencia de un determinado objeto. Pero sólo mientras
haya una chispa que desea existir por su propio placer es posible decir
al respecto que esa chispa no existe porque se ha ausentado y ha muerto. Sin embargo, si no hay tal chispa en el hombre, sino que todas las
chispas de su esencia se invisten en otorgarle contento al Creador de
ellos, entonces no están ausentes ni muertos. Porque aun cuando el
cuerpo haya sido anulado, sólo está anulado con respecto a la auto
gratificación, en la cual el deseo de recibir está investido y sólo puede existir en éste. Sin embargo, cuando él logra la dirección de la Creación y el
Creador recibe placer de él, puesto que Su deseo ha sido cumplido, la
esencia del hombre, que se inviste en Su contento, se le concede la
eternidad completa, como Él. Así, él ha sido recompensado con la
libertad del ángel de la muerte. El deseo de recibir sólo debe deshacerse de la intención
de recibir para sí mismo, pero el deseo mismo nunca se refina ni
desaparece, sino que adquiere la intención de, “con el fin de otorgar”.
Si la persona puede cumplir con esta condición internamente en su nivel
mínimo, en el primer grado, si ella quiere que esto suceda, entonces la
Luz viene a ella e ilumina sobre ella y la hace merecedora del primer
nivel llamado la reunión ante el Monte Sinaí. Con el fin de hacer eso, ella debe aceptar todas las condiciones,
elevarse por encima de todo el endurecimiento del corazón, de todas las
preocupaciones, de todas las interrupciones que se le enviaron con el
fin de atribuir todo al dominio del Creador y ascender a “no existe
nadie además de Él” y decidir que es Él bueno y benevolente, aceptar
todo esto en fe por encima de la razón y anular todo lo que le pertenece a ella para aspirar tanto como pueda al Creador.
Si la persona desea desprenderse de todas sus cosas en este mundo, no
porque sean desagradables o amenazantes como lo fue durante el tiempo
de preparación, sino por el contrario: cuando ella ya puede recibir toda
la bondad, pero aun así lo entrega todo y lo atribuye al Creador,
entonces la Luz viene y construye en ella el primer nivel de
otorgamiento, de Lishma (en su nombre). Esto es llamado la recepción de la Torá puesto que, por primera vez, ella ve cómo la Luz en ésta, reforma.

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