Escritos de Rabash,
volumen 2, “Qué significa la prohibición de saludar a otro antes de
saludar al Creador, en el trabajo”: La parte más difícil en el trabajo
es el orden del trabajo que consta de dos cosas que se contradicen entre
sí y es difícil entender cómo pueden las dos ser verdaderas, cuando le
atribuimos el trabajo al Creador, creyendo que el Creador acepta
nuestro trabajo sin importar cómo lo vemos nosotros. Esto significa que no importa si la
persona trabaja por la grandeza de la razón y la comprensión, o si la
persona le atribuye el trabajo al Creador, lo cual significa que ella
trabaja con la intención en aras de otorgar; el Creador acepta su
trabajo voluntariamente. Esto significa que la persona tiene que seguir
la línea derecha
que es considerada plenitud, orarle al Creador y agradecerle a Él,
incluso si no encuentra dentro de ella ningún deseo por la
espiritualidad. De otra manera, ¿cómo puede agradecerle al Creador y
decir que el Creador escucha lo que ella le dice a Él? Si puede agradecerle al Creador, siente alegría y de “Lo Lishmá (no por Su nombre) ella llega a Lishmá
(en Su nombre)”, así se eleva desde este estado de plenitud. Dado que
la gratitud que siente hacia el Creador hace que la persona sienta que
está plena, según el grado de alegría que siente, ella continúa y es
capaz de elevarse al siguiente nivel. El estado en sí no cambia, es constante.
Sólo cambia la actitud de la persona hacia este, su percepción de ello
y esto sucede según el grado en que ella aclara e interpreta
correctamente este estado, su reacción al estado constante en el cual
ella existe todo el tiempo. Cada vez se revelan en ella nuevas Reshimot
(registros espirituales), ella juzga la Luz superior, el nivel de
otorgamiento que se revela en ella. Entonces atraviesa constantemente
cambios internos, lo cual significa que su evaluación de los atributos
como otorgamiento, conexión y amor, todos los atributos que le
pertenecen a la espiritualidad, a la idea del Creador, también cambian. Esto se revela en los deseos (vasijas)
rotos o parcialmente corregidos de la persona, y por lo tanto todos los
cambios tienen lugar sólo internamente. Por lo tanto, todo depende de
cómo ella corrige sus vasijas y las acerca a la Luz. Todo depende de la
equivalencia de forma, de la medida en que las Reshimot que son
constantemente reveladas se corresponden con la Luz. La única manera de
hacerlas equivalentes a la Luz es mediante el entorno que sirve como un
adaptador entre las Reshimot que son reveladas y la Luz. Si la persona usa el entorno y sus Reshimot correctamente,
ella puede llegar a la adhesión con la Luz muy rápidamente en cada
estado. Entonces puede sentir que este estado es bueno. Por supuesto,
hace eso no con el fin de sentirse bien, sino con el fin de asemejarse a
la Luz y de separarse de las cuentas egoístas, de volverse de verdad
aquel que otorga. Aquí uno asciende los niveles de consciencia, de
comprensión, y de apreciación de la Luz. Nosotros debemos unir esas dos
sensaciones, los dos factores que se contradicen, la contradicción que
descubrimos y esto sólo es posible cuando la persona se transciende a
sí misma. Por una parte, todo está “en contra” del otorgamiento
y por otra parte, todo está a “favor” de él, la persona no sabe qué
hacer. Este es el mundo; así es la persona internamente, ¿entonces cómo
podemos unir esos dos opuestos? Es imposible a menos que llegue el
tercer factor decida entre ellos. Se requiere de estudio y mucha
experiencia para que la persona entienda que esta es la única forma de
avanzar. Por una parte, ella siente una
impotencia absoluta, tensión y no entiende cómo puede salir de este
estado y ser salvada de la amenaza del “Faraón”. Por otra parte,
entiende que no hay espacio para tales estados en el amor y el
otorgamiento, ¡donde todo tiene que ser agradable, bueno y perfecto! El mundo está dividido en dos ejércitos:
Las fuerzas del mal, el conflicto, el odio, y la separación están
confrontadas con las fuerzas buenas, positivas de la conexión, el amor
y no hay nada en medio. Todo esto es para que el tercer Participante
venga y decida entre ellas. Sólo el Creador puede hacer la paz entre los
dos bandos hostiles, lo cual es llamado “mis hijos me han vencido”. Se
dice: “que Aquel que hace la paz en las Alturas haga la paz para
nosotros”. Esto ya es el trabajo en las tres líneas.

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