Maljut, investida en los mundos, es llamado “Yo” está distribuida en el mundo de Assiya. Precisamente esta es la división por la que todo hombre siente que existe como es. Al desarrollarse, un hombre quiere
conquistar el mundo entero para su propio beneficio y placer. Esta es la
fuerza de la ruptura en el mundo de Assiya, como se nos dice (Profetas, Melajím (Reyes), I, 1:5): “Yo seré rey”, debido a las chispas espirituales que aún no han sido reveladas. Tenemos que entender que el deseo de
recibir, separado del Creador, el cual se siente a sí mismo como opuesto
a Él y trata de dominar sobre todo, es artificial en su esencia. Éste
no existe en la realidad, es creado como algo imaginario que está en
oposición polar al Creador. Este existe sólo como parte de la percepción,
con el fin de crear una sensación de oposición al Creador. Sólo en
esto debe dársele importancia: es importante sólo debido a que nos
permite sentir oposición al otorgamiento y por ninguna otra razón. Con
base en esto nosotros podemos construir una relación con el Creador. Ahora no tocamos la Maljut como
tal, el final de la línea del Infinito, en el centro del círculo. La
tocaremos sólo si nos presentamos ante el Creador. El deseo de recibir
no existe hasta que lo coloquemos frente al Creador. Sólo entonces
existirá el Creador y existiré yo y se extiende entre nosotros alguna
línea, la conexión a partir de la cual es posible iniciar el camino. Este punto es opuesto a Él en todas sus
propiedades, está oculto y empieza a revelarse en la medida de mi
capacidad de imaginarme al Creador como su opuesto. De lo contrario,
éste no me muestra nada aparte de problemas, es decir, no se muestra a
sí mismo sino sus manifestaciones externas. Pero gradualmente, a
diferencia del mundo entero, yo me acerco a su esencia interna, lo
distingo frente al Creador y luego empiezo mi propia línea. Por lo tanto, es importante tener en
cuenta: Nosotros no eliminamos este punto, entendemos que lo
necesitamos. Sin embargo, debemos penetrar constantemente cada vez de
manera más profunda en él. Si yo quiero conocer la materialidad,
entonces tenemos que contrastarla con la espiritualidad, colocar el punto de Maljut ante el Creador. Uno no puede existir sin el otro, en esta partida. Si yo me imagino una determinada realidad sin el Creador, en oposición a Él, entonces vivo en un mundo imaginario. Esta es la diferencia entre el estado
más bajo que precede al primer grado espiritual, el estado en el que yo
me opongo al Creador, y el mundo imaginario en el que no me conecto con
el Creador en nuestro entendimiento. El verdadero “yo” aparece sólo cuando la
propiedad completamente opuesta a mí, el Creador, está ante mí. Luego, al enfrentarme con Él, yo “reclamo el trono”, que se manifiesta
en diversas formas. Por ejemplo, puedo reconocer que Él es eterno y
poderoso, que lo determine y provee todo, y no obstante, como un niño
pequeño, yo quiero todo lo contrario, quiero tomar su lugar. Esto
también está incluido en el ámbito de los reclamos, “Yo seré rey”. Por lo tanto, lo importante no es el
poder en sí mismo, sino el deseo. Si quiero tomar el poder en mis manos
por lo menos en algo, este ya es mi verdadero yo. Después de todo, la
cosa es, ¿quién es la cabeza, quién decide? Y si está claro que se trata
de mí o del Creador, entonces ya entro en relación con Él, incluso si
aún no lo hago de manera espiritual. ¿Cómo puedo llegar a esto? Es muy
simple: Yo empiezo a darme cuenta de que el Creador gobierna
completamente en mí. Incluso gobierna mi oposición a Él. Él la crea a
propósito para hacerme avanzar en el camino del desarrollo. Como
resultado de ello, incluyo los dos opuestos y comienzo a construir una
relación correcta entre ellos. Baal HaSulam
ilustra esto por medio del ejemplo: Al ir a trabajar por la mañana, la
persona se guía por el principio, “Si yo no soy por mí, quién será por
mí” al final del día, admite que no existe nadie más aparte del
Creador. En la primera etapa del proceso, yo me
hago consciente de que no existe nadie más aparte de Él. Realizo esto
con relación a mí en todos mis deseos y pensamientos, en las sensaciones y en la mente ( no tengo nada más); el Creador tiene el poder absoluto. ¿Quién soy yo entonces? Un detalle más
profundo de la percepción, un grado espiritual superior. Puesto que Él
reina en mí plenamente, entonces yo establezco esto sobre la base de un
nuevo punto. Por lo tanto, cada vez revelo un “yo” más profundo hasta el
cuarto estado en el que ocurre la fuerza de la ruptura.Cuando el Ser Humano descubre la verdadera esencia del Creador y se comporta segun esa naturaleza, de otorgante o dador, ese acercamiento es tan intenso, que se da cuenta que no necesita de su religion, esta permanece solo como parte de su entorno cultural y social en este mundo.
Paginas
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11.7.13
Baal HaSulam, “El misterio de la letra Kaf de la palabra Anojí (Yo)”
Maljut, investida en los mundos, es llamado “Yo” está distribuida en el mundo de Assiya. Precisamente esta es la división por la que todo hombre siente que existe como es. Al desarrollarse, un hombre quiere
conquistar el mundo entero para su propio beneficio y placer. Esta es la
fuerza de la ruptura en el mundo de Assiya, como se nos dice (Profetas, Melajím (Reyes), I, 1:5): “Yo seré rey”, debido a las chispas espirituales que aún no han sido reveladas. Tenemos que entender que el deseo de
recibir, separado del Creador, el cual se siente a sí mismo como opuesto
a Él y trata de dominar sobre todo, es artificial en su esencia. Éste
no existe en la realidad, es creado como algo imaginario que está en
oposición polar al Creador. Este existe sólo como parte de la percepción,
con el fin de crear una sensación de oposición al Creador. Sólo en
esto debe dársele importancia: es importante sólo debido a que nos
permite sentir oposición al otorgamiento y por ninguna otra razón. Con
base en esto nosotros podemos construir una relación con el Creador. Ahora no tocamos la Maljut como
tal, el final de la línea del Infinito, en el centro del círculo. La
tocaremos sólo si nos presentamos ante el Creador. El deseo de recibir
no existe hasta que lo coloquemos frente al Creador. Sólo entonces
existirá el Creador y existiré yo y se extiende entre nosotros alguna
línea, la conexión a partir de la cual es posible iniciar el camino. Este punto es opuesto a Él en todas sus
propiedades, está oculto y empieza a revelarse en la medida de mi
capacidad de imaginarme al Creador como su opuesto. De lo contrario,
éste no me muestra nada aparte de problemas, es decir, no se muestra a
sí mismo sino sus manifestaciones externas. Pero gradualmente, a
diferencia del mundo entero, yo me acerco a su esencia interna, lo
distingo frente al Creador y luego empiezo mi propia línea. Por lo tanto, es importante tener en
cuenta: Nosotros no eliminamos este punto, entendemos que lo
necesitamos. Sin embargo, debemos penetrar constantemente cada vez de
manera más profunda en él. Si yo quiero conocer la materialidad,
entonces tenemos que contrastarla con la espiritualidad, colocar el punto de Maljut ante el Creador. Uno no puede existir sin el otro, en esta partida. Si yo me imagino una determinada realidad sin el Creador, en oposición a Él, entonces vivo en un mundo imaginario. Esta es la diferencia entre el estado
más bajo que precede al primer grado espiritual, el estado en el que yo
me opongo al Creador, y el mundo imaginario en el que no me conecto con
el Creador en nuestro entendimiento. El verdadero “yo” aparece sólo cuando la
propiedad completamente opuesta a mí, el Creador, está ante mí. Luego, al enfrentarme con Él, yo “reclamo el trono”, que se manifiesta
en diversas formas. Por ejemplo, puedo reconocer que Él es eterno y
poderoso, que lo determine y provee todo, y no obstante, como un niño
pequeño, yo quiero todo lo contrario, quiero tomar su lugar. Esto
también está incluido en el ámbito de los reclamos, “Yo seré rey”. Por lo tanto, lo importante no es el
poder en sí mismo, sino el deseo. Si quiero tomar el poder en mis manos
por lo menos en algo, este ya es mi verdadero yo. Después de todo, la
cosa es, ¿quién es la cabeza, quién decide? Y si está claro que se trata
de mí o del Creador, entonces ya entro en relación con Él, incluso si
aún no lo hago de manera espiritual. ¿Cómo puedo llegar a esto? Es muy
simple: Yo empiezo a darme cuenta de que el Creador gobierna
completamente en mí. Incluso gobierna mi oposición a Él. Él la crea a
propósito para hacerme avanzar en el camino del desarrollo. Como
resultado de ello, incluyo los dos opuestos y comienzo a construir una
relación correcta entre ellos. Baal HaSulam
ilustra esto por medio del ejemplo: Al ir a trabajar por la mañana, la
persona se guía por el principio, “Si yo no soy por mí, quién será por
mí” al final del día, admite que no existe nadie más aparte del
Creador. En la primera etapa del proceso, yo me
hago consciente de que no existe nadie más aparte de Él. Realizo esto
con relación a mí en todos mis deseos y pensamientos, en las sensaciones y en la mente ( no tengo nada más); el Creador tiene el poder absoluto. ¿Quién soy yo entonces? Un detalle más
profundo de la percepción, un grado espiritual superior. Puesto que Él
reina en mí plenamente, entonces yo establezco esto sobre la base de un
nuevo punto. Por lo tanto, cada vez revelo un “yo” más profundo hasta el
cuarto estado en el que ocurre la fuerza de la ruptura.
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