Ahora ustedes
entenderán sus palabras de que la Divinidad en los inferiores es una
gran necesidad. Es como un gran rey que tuvo un hijo cuando ya era
viejo y estaba muy encariñado con él. Por lo tanto, desde el día de su
nacimiento tuvo pensamientos favorables acerca de él, recogió todos los
libros los mejores académicos de la tierra y construyó escuelas para
él. Reunió a los mejores constructores en
la tierra y construyó palacios de placer para él, recogió a todos los
músicos, cantores y construyó para él salas de conciertos. Reunió a
los mejores cocineros, panaderos en la tierra, le sirvió todos los
manjares que hay en el mundo y así sucesivamente. Por desgracia, el muchacho llegó a
ser un tonto, sin deseo por el conocimiento. Él también era ciego, no
podía ver o sentir la belleza de los edificios, era sordo y no podía
oír a los cantantes. Tristemente, que era diabético y se le permitía
comer sólo pan de harina ordinaria, lo cual hizo surgir en él ira y
desprecio. Ahora pueden entender sus palabras
sobre el verso: “Yo, el Señor, lo aceleraré a su debido tiempo”.
Sanedrín (98) interpreta: “No recompensado a su debido tiempo;
recompensado con Yo lo aceleraré”. Así que hay dos maneras de alcanzar
la meta antes mencionada: por medio de la propia atención de ellos, lo
cual es llamado un “Camino del arrepentimiento”. Si ellos son
recompensados con eso, entonces “Yo lo aceleraré” se aplica a ellos.
Esto significa que no hay tiempo establecido para ello, pero cuando son
recompensados, por supuesto la corrección termina. Si no se les concede la atención, hay
otra forma llamada “Camino del sufrimiento”. Como dice Sanedrín (97),
“Yo pongo sobre ellos un rey como Hamán y ellos se arrepentirán en
contra de su voluntad”, es decir, en su tiempo, porque en ello hay un
tiempo establecido. En nuestro caso el Rey controla cada
estado. El hijo nace con ciertos atributos, habilidades, en ciertas
condiciones internas y externas, de acuerdo al pensamiento inicial del
superior que está destinado a llevarlo a la meta final. Él tiene que
alcanzar la vasija correcta de acuerdo a su desarrollo emocional,
mental y llegar a conocer a su Padre con el fin de ser como Él de
acuerdo al plan que el Rey ha preparado con el amor y el cuidado
absolutos por su único hijo amado. No hay duda de que nosotros alcanzaremos
esta meta, pero con el fin de alcanzarla tenemos que desarrollar
nuestras vasijas y tiene que ser de manera voluntaria. Sin duda lo
queremos puesto que la meta nos obliga a adquirir un deseo y un anhelo
por ella. La única pregunta es cómo alcanzamos el deseo y si lo haremos
por medio de golpes, sin tener elección, guiados por placeres o dolor, o
al tratar de establecer un entorno y alcanzar por nosotros mismos la
deficiencia correcta a pesar del hecho de que sintamos placeres o
sufrimientos. Esta es una deficiencia sin deficiencia
por lo tanto nuestro trabajo se hace “por encima de la razón”, por
encima de la mente y las emociones que nos controlan ahora. Tenemos que
anhelar constantemente este estado sobrenatural que está por encima de
nuestra naturaleza. Podemos hacer esto sólo con el apoyo del entorno y
del grupo que debe impresionarnos con los valores más sublimes más
cercanos a la meta espiritual. Así nos acercamos a la meta paso a paso. Todo depende sólo del entorno correcto y
por lo tanto la persona que opta cada vez por un mejor entorno es
alabada, es decir que ella avanza por el camino de “Yo lo aceleraré”,
por sí misma, por su propia voluntad, por lo tanto acelera el tiempo,
se ahorra los golpes, eso es bueno ante sus ojos y ante los ojos del
Creador. Si ella no lo hace, entonces ocurre lo contrario y todo su
desarrollo sólo ocurre al acelerar los golpes. Nosotros tenemos que
avanzar en cualquiera de los casos, pero será sin la sensación de placer
ni por parte del Creador ni por parte del ser creado, sino al prolongar
el tiempo.

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