Debemos saber que la anteriormente mencionada ley de
desarrollo, la cual se extiende sobre la totalidad de la realidad, está
garantizada para retornar todo el mal al bien y convertirlo en actos
útiles a través del poder del Gobierno de los Cielos Arriba, es decir,
sin pedir permiso a las personas que habitan la tierra. Sin embargo, el
Creador colocó el conocimiento, la autoridad en las manos del hombre y
le permitió aceptar la citada ley de desarrollo bajo su propia autoridad, gobierno y le dio la habilidad para acelerar el proceso de
desarrollo como él quiera, libre y completamente independiente de los
límites de tiempo. Los representantes de la naturaleza
inanimada, vegetativa y animada son incapaces de cambiar la ley del
desarrollo, pero nosotros podemos hacer esto, podemos “tomarla en
nuestras propias manos”, es decir, utilizarla para la aceleración.
Nosotros tenemos la habilidad para cambiar ligeramente su acción, salir
del control total de la naturaleza con sus imperativos imprescindibles
para involucrarnos en el manejo a través de nuestros esfuerzos. Debido a
esto, nuestro desarrollo continuará, en primer lugar, más rápidamente y
en segundo lugar, de una manera más placentera. Por regla general, la fuerza que nos
desarrolla es cruel. Es llamada la “prensa” o la “rueda” del desarrollo y
nos lleva hacia adelante sólo por medio del sufrimiento. Nuestro deseo
es atraído hacia el placer e idealmente se esfuerza por la felicidad
que no requiere acciones. El hecho de llenar el deseo, “paraliza” el
placer, lo inmoviliza; a veces vemos esto en los niños pequeños. Al
lleno hasta el tope, yo quedo inmóvil, congelado, y no siento necesidad
de realizar ningún movimiento. Es por eso que necesitamos problemas y
sufrimientos que nos estimulen a movernos de ese punto, a nos
desarrollamos más y a obligarnos a avanzar más rápido. Como consecuencia de ello, la fuerza del
desarrollo aparece ante nosotros como algo malo, negativo y huimos de
ella hacia donde podamos ver lo positivo, lo bueno. Además, siempre
corremos en dirección opuesta al lugar en el que recibimos el golpe. Por
lo tanto, pasamos “automáticamente” etapas de desarrollo inanimada,
vegetativa y animada, así como sus equivalentes en el grado humano, sin
saber ni sentir que somos guiados por la ley que podemos utilizar. Pero al final, nosotros encontramos al
“humano que hay dentro de nosotros”, a aquel que quiere y puede afectar
lo que está sucediendo. La persona busca los medios del auto desarrollo,
el avance de sí misma. Averigua cuál es su propósito, para qué vive,
hace preguntas acerca del sentido de la vida con el fin de encontrar la
fuerza de desarrollo, de aprender acerca de la ley de desarrollo y la
utiliza para su beneficio, es decir, para la realización de la meta. En cuanto a nuestras relaciones con otras personas, así como con la naturaleza
inanimada, vegetativa y animada, nosotros también debemos traerles
beneficio sobre la base de nuestro desarrollo, es decir, incluirlas en
el buen desarrollo que alcancemos. No todos son capaces de acelerar el
proceso. La mayoría siguen simplemente su naturaleza. Estamos hablando
del desarrollo, y el desarrollo siempre es contrario a nuestra
naturaleza, siempre va con los esfuerzos, a través de la fuerza, bajo
presión, con dolor. Siempre es opuesto al deseo egoísta, que sólo quiere
disfrutar del estado actual. Por lo tanto, si Israel es
recompensado y toma la ley del desarrollo que tiene que atravesar sus
malos atributos, a fin de invertirlos para convertirlos en buenos, ellos
la raerán bajo su propio gobierno. En otras palabras, ajustarán la
mente y el corazón para corregir todas las malas cualidades que hay en
ellos y para convertirlos por ellos mismos en buenos. Entonces, “Yo lo
aceleraré”, es decir que serán completamente liberados de las cadenas
del tiempo. Hay un punto en el camino desde el cual
la que la persona recibe un impulso, el en que se da cuenta de la
necesidad del desarrollo. Ella quiere saber por qué y para qué vive en
la Tierra y entonces llega a los medios que son llamados la “sabiduría
de la Cabalá“. Estos medios le permiten desarrollarse a sí misma sin depender de las limitaciones del tiempo, por medio del camino de la aceleración. Si la persona, por cualquier razón es
perezosa, ella huye de esta oportunidad, entonces su camino yace en
algún punto intermedio entre el tiempo y la aceleración. Es por ello que nosotros debemos
fortalecer al grupo y hacer cálculos siempre entre ellos: ¿en qué medida
está en nuestras manos la aceleración? Idealmente, deberíamos
controlarla plenamente.

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