Nuestra corrección final está en esta adhesión, la estación final de destino, toda la meta de la creación. El Creador creó el deseo de disfrutar,
pero nosotros estamos en la ilusión de pensar ahora que hemos sido
creados para disfrutar de la recepción. Estamos en este engaño y por eso
cada vez que tenemos un poco de placer, esta desaparece inmediatamente.
Tenemos que entender esta contradicción de que necesitamos precisamente
el deseo de otorgar, porque la meta de la creación es disfrutar del
otorgamiento. “Darle placer a los seres creados”,
significa llevarlos al estado en el que reciban placer del otorgamiento,
no del dar egoísta en aras de recibir y ni siquiera del dar en aras de
dar, sino de recibir por el bien del otorgamiento. Es decir, tenemos
que utilizar nuestros deseos, todas nuestras capacidades con el fin de
otorgar. Resulta que cualquier cambio en nuestra
naturaleza sólo es posible bajo la condición de que nos alimentemos a
nosotros mismos de alguna fuente externa de inspiración, importancia,
deseo, atracción y empuje hacia una meta espiritual de la cual nosotros
derivamos todo el poder que nos hace avanzar hacia la corrección. Toda
esta energía proviene del entorno. La persona es capaz de hacer algo
sólo si es influenciada por el entorno. Si no existe tal influencia,
ella no tendrá éxito. Hay momentos en los que a la persona se
le da un despertar desde arriba y entonces es capaz de volverse hacia el
entorno. Pero en la mayoría de los casos, ella misma no puede volverse
hacia él, el entorno debe cuidar de transmitirles a todos la
importancia de la meta y la fuente de inspiración. Sólo entonces seremos
capaces de avanzar en la dirección correcta. Por lo tanto, no hay tarea más
importante que la construcción de un entorno adecuado. Está escrito:
“Aunque ellos me abandonaran, pero guardaran mi Torá, porque el
resplandor en ella los retornaría al bien”. La Luz viene sólo cuando
estamos conectados entre nosotros. Es por eso que la construcción del
entorno es la condición principal. No hay nada importante en la espera de
una verdadera revelación espiritual desde arriba, si esta no proviene de
nuestros propios esfuerzos para unirnos a con seres humanos como
nosotros. Tenemos que entender, recordar el hecho de que todo lo que
sucede en nuestras relaciones con el mundo externo, de nosotros con él,
de él con nosotros, con todos juntos y con cada uno, viene sólo a
través de nuestra conexión.

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