Es más, vemos que la
persona necesita prepararse a sí misma para disfrutar del placer que se
ha investido en la vasija. Esto significa que ella puede disfrutar de la
Luz del placer que se ha investido en la vasija a medida que ella se
prepara, lo cual es considerado externo. Esto significa que no podemos
comparar a la persona que bebe agua cuando está sedienta con la persona
que bebe agua cuando no tiene sed. Es por esto que la vasija de recibir
placer se mide de acuerdo al anhelo por el placer. Nosotros sabemos que la diferencia entre
“Yo lo aceleraré” y “a su debido tiempo” es solo durante la
preparación. Eventualmente la persona tiene que ejecutar la acción sí
misma y decir: “¡Yo quiero!” cuando ella quiere, ¡las cosas se abrirán
para ella!. Hay dos formas de alcanzar la demanda de
“¡Yo quiero!”. Ya sea por medio de los golpes que no le dejan a la
persona ninguna otra opción, que la obligan a recuperarse después de
cada golpe o problema y a despertar de su renuencia a hacer algo. Es por
esto que está confundida, no puede encontrar en ella los poderes para
conectarse con los amigos con el fin de construir una vasija y sólo los
golpes la obligan a dar un paso adelante. Pero no ese trata solo dar un paso. Ella
ve que este paso es beneficioso tanto en sentido espiritual como
corporal. El beneficio corporal es que ella se libra de los golpes y el
beneficio espiritual es que ella se recupera, empieza a sentir que
tiene una meta, un proceso y una oportunidad de sentir algo del camino
de “Yo lo aceleraré”. Por consiguiente, ella gana doblemente:
Gana nuevas habilidades, un nuevo sabor corporal y quizás también
espiritual. Todo se le ha dado después del golpe, dado que hay dos
opuestos en el golpe que ella recibe del Creador, en el golpe de la Luz
que opera en la persona de diferentes maneras y hacia la meta. Nosotros
estudiamos que en cada estado, incluso en el más bajo, hay diez Sefirot, la Luz de NRNHY, la Reshimo (gene espiritual) de vestidura y la Reshimo de Aviut (espesor). Por lo tanto, nosotros debemos tratar de
entender que todo depende de nuestra preparación que nos lleva hacia la
demanda del “¡Yo quiero!”. Tenemos que alcanzar un estado en el cual no
nos quede ningún deseo sino con sólo uno y este deseo debe ser el más
grande. Hay dos maneras de alcanzar eso: “A su debido tiempo” (a través
del camino del sufrimiento) o “Yo lo aceleraré” (a través del camino de
la Luz). Pero es imposible salir de Egipto sin el deseo del “¡Yo
quiero!”
Por otro lado, la persona siente una
gran desesperación e impotencia sobre sus propios poderes y al mismo
tiempo confianza y fe en que el Creador puede salvarla, lo cual
significa que todo está en las manos de Dios. Esta versatilidad tiene
que fortalecer a la persona y no debilitarla en el momento que ella
sale.

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