Ella no tiene ningún deseo o
necesidad de esto. Por el contrario, la persona promedio preferiría
acercarse a sus vecinos y a otros. Después de todo, ella siente que es
conveniente mantener buenas relaciones y evitar los conflictos con el
fin de hacer su vida más segura. Sin embargo, la persona que ha recibido
un deseo personal de descubrir el poder superior, de descubrir el mundo y
quiere entender el significado de la vida, se vuelve muy
individualista. Ella no quiere unirse con nadie, porque siente que los
asuntos esenciales se encuentran en su interior. Por lo tanto es muy
difícil que escuche acerca de la conexión, la cual le parece como un
juego de niños, y de cualquier forma incomprensible. Por eso yo estoy muy contento de que hoy
hayamos logrado comenzar a hablar de esto. Estamos cerca de encontrar
el punto más fundamental. Si estamos preocupados por esto todo el
tiempo, entonces todo lo demás se revelará por medio de este, dentro de
él, en la conexión entre nosotros. Nuestra unidad es ese punto negro a través del cual pasamos como la barrera (Majsom)
a otro mundo, “el ojo de una aguja”, sobre el cual el Creador dice:
“Abre una oportunidad para mí como el ojo de una aguja”. Después de
conectarnos con un corazón, en un deseo, nosotros quedamos conectados en
un punto. Todos nuestros puntos están conectados en un punto y se crea
una abertura como el ojo de una aguja. Si nos preparamos de esta manera,
entonces nos abrimos un pasaje hacia el nuevo mundo y se revelará ante
nosotros el nivel más elevado, ese es el primer paso en la escalera
espiritual. Esta necesidad de conexión es la
preparación para recibir la Torá. Está claro que la conexión no la
realizamos nosotros, a no ser que la llevemos a cabo con la ayuda del
poder superior. Pero nuestra tarea es sentir la necesidad de conexión y
construir una oración común. Es lógico que no tengamos nada que pedir
de manera privada ni colectiva, a excepción de la necesidad de alcanzar
la conexión. Y así descubrimos todos los resultados positivos que
necesitamos. Pero si por mí mismo decido que tengo que saber más, tener
más éxito, o incluso amar más, esto demuestra mi orgullo. Es necesario
pedir sólo la conexión y además de esto, nada; ésta será nuestra
oración común. La “oración de muchos” no puede ser de
otra manera, sólo acerca de la unidad. No importa lo que salga de
esto, porque los resultados estarán precisamente en concordancia con la
disposición de la escala de niveles en que debemos subir cada vez más
alto. Nosotros no establecemos su disposición, sólo decidimos que
tenemos que conectarnos cada vez con más fuerza entre todos. Esto significa que yo no pido una
recompensa. Esta vendrá por sí misma, se descubrirá dentro de la
sociedad, es decir, en la conexión entre nosotros y en el hecho de que
buscamos sólo esto. Esta es una verdad muy simple, pero nos elude
contantemente porque nuestro ego se renueva todo el tiempo. Una y otra
vez nos vemos obligados a retornar a la “oración de los muchos” en la
que estamos unidos como uno solo, en una petición. Si queremos unir las demás peticiones a
esta, incluso las más altas metas espirituales, como el éxito en la
educación integral y el atraer a todas las personas a ella, pero lo
ponemos como una meta privada, entonces esto es incorrecto. De nuevo es
el mismo orgullo que nos obliga a decidir cómo debe ser la conexión
entre nosotros. Así construimos el “becerro de oro”. El “becerro de oro” no es sólo el
trabajo de la persona en aras de su ego. En la Torá no dicen nada acerca
de esto. El “becerro de oro” es el deseo de la persona por establecer
por sí misma la forma de su avance espiritual en vez de desear
simplemente la conexión. El “punto en el corazón” reúne todos los puntos
y sube a la montaña a fin de recibir la Torá, la Luz que Reforma.
Entonces, todos los deseos que se han reunido al pie de la montaña se
conectarán en el mismo punto y desaparecerán en el punto de conexión. Pero a pesar de todo esto, la persona es
atraída a decidir algo por sí misma, a añadir algún tipo de demandas
privadas imprescindibles para ella con el fin de avanzar en el servicio
al Creador, a esto se le llama un “becerro de oro”. Estos son niveles
muy altos, niveles espirituales. Toda la forma explicada en la Tora de
cómo debemos realizar la travesía para alcanzar la finalización de la
corrección, de principio a fin, se realiza sólo con la fuerza de la
conexión y de ninguna otra manera.

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