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20.9.13

La Tora, “Éxodo”, (Mishpatim), 22:28 – 22:29: No demorarán sus primicias y sus ofrendas mecidas; el primogénito de sus hijos deben dármelo a Mí.

 De la misma forma harán con su ganado y con sus ovejas: siete días deberán estar con su madre, en el octavo día deberán entregármelos a Mí. En el pasado las familias tenían muchos niños y el primogénito recibía un entrenamiento especial: A ellos se les enseñaba y se los preparados para su vida futura. Darle el primogénito al Creador significa dedicarlo con la intención del anhelo por el Creador. El primogénito era dado a los Levitas y los sacerdotes que servían por todo el país enseñándoles a las personas, en administración, etc. Así había una necesidad por servirlas, proveerles para que fueran capaces de servirle y proveerle al pueblo. Es como una especie de orden político. Había doctores, jueces, maestros y educadores, el sector que le servía al pueblo. Entonces cada familia daba a los Levitas y a los sacerdotes un diezmo o al primogénito para que ellos pudieran vivir en la enseñanza y educación de la gente. Ellos no tenían propiedades. ¿Qué tenía de bueno en todo esto? Ellos no podían acumular capital y fortuna. ¿Pueden imaginar a los actuales trabajadores civiles sin propiedades, viviendo solo de lo que reciben de la gente? ¡No estaría mal!

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