No confundan a un niño pequeño con un adulto. Nosotros debemos
acercarnos a un adulto desde el ángulo de su sufrimiento y problemas: en
la familia, en el trabajo, consigo mismo, con sus finanzas, con su salud.
Tenemos que encontrar lo que está mal y volvernos específicamente hacia
él de esta manera. “¿Estás enfermo? Estarás saludable. ¿Eres un
fracaso? Tendrás éxito”, etc. Con esto, es posible interesarlos y
atraerlos a las clases porque, finalmente, el grupo integral lo corrige
todo. Esto atrae gradualmente a la persona hacia un estado de felicidad.
¿Qué importa en qué forma?. Nosotros no nos comportamos así con un
niño, no le preguntamos qué quiere y qué no. ¡Tenemos que hacer que
salga de él un adulto! Con este objetivo debemos darle una cierta
cantidad de conocimientos, habilidades y lo más importante, enseñarle
sobre el correcto comportamiento en la sociedad, sobre las
comunicaciones correctas entre ellos.
Un niño llega a una escuela integral
para absorber todo lo que le dan allí de la forma más fácil, mejor y más
agradable, para saber cómo comportarse con las personas y comunicarse
con ellas de una buena manera y comprender cómo funciona todo el
sistema: la administración de una ciudad, de una nación, el manejo del
mundo entero. Este es un enfoque totalmente diferente. Ustedes deben
transformar al niño en un ser integral, es decir, que incluya el
conocimiento del mundo dentro de sí mismo, que se comunique con él de
una manera mutua y exitosa.

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