Es por eso que cuando hablamos de la
unidad y corrección que suceden de acuerdo a los principios, “No le
hagas a otros lo que no quieras para ti”, o “Ama a tu prójimo como a ti
mismo”, estamos hablando en realidad el método de corrección. Este surge
gradualmente, de acuerdo a la manera en que se manifiestan nuestros
deseos en nosotros, según el grado en que puedan o no ser corregidos. ¿Cómo se corrige cada deseo? ¿Cómo “luce” antes de ser “arreglado”? ¿Qué hace que un sea deseo similar al Creador cuando se corrige y cómo se manifiesta Él mismo dentro de este deseo? Los deseos de robar, matar, someter, o
tomar ventaja de alguien son palpables y surgen en el contacto con
otros. Donde nuestros deseos son menos obvios, como en las relaciones
con la naturaleza inanimada, vegetativa y animada, es muy difícil
encontrar la propiedad de misericordia. Con nuestros semejantes esta
se siente y se ve muy claramente. Por lo tanto la Torá
nos da instrucciones muy rígidas acerca de la secuencia del trabajo que
tenemos que hacer: los deseos concretos, su orden, y combinación, las
maneras en que tienen que ser corregidos. Es imposible corregirse a uno
mismo solamente a través de nuestras relaciones con otros. Debemos
añadir las partes de la naturaleza inanimada, vegetativa y animada, es
decir, deseos que son más bajos y más burdos, deseos que están enfocados
no sólo en las personas, sino que también están orientados hacia el
mundo. Como resultado, lograremos la adhesión
completa entre todos nuestros deseos en todas las direcciones y todos
los tiempos. Uno debe aprender a justificar al Creador y a los otros en
todo lo que me sucede. Inmediatamente, uno recibirá diversas y múltiples
reminiscencias. Toda la historia, la geografía, etc. se revive en mi
memoria. Cuando uno entra a la espiritualidad,
existen imágenes muy interesantes en las que la persona comienza a
arreglar su relación con todas las personas, personajes y propiedades
de todos los tiempos. Es como si pasara por varias reencarnaciones
previas e historias una vez más con mi actitud hacia ellas, como si se
depurara uno mismo en su interior y transformara esas historias. Después de todo, la imagen de este mundo
no existe en realidad: es dibujada en nosotros. Todo lo que tenemos que
hacer es arreglar todos sus estratos, como un pintor que primero aplica
una base sobre el lienzo, la pule, después aplica unas cuantas capas
más de la base, sólo entonces comienza a trazar una imagen y a
construir perspectivas. Este es un proceso gradual, paso a paso y una
gran cantidad de trabajo. Significa que tenemos que pasar a través
de todas las etapas de desarrollo previo y estas alcanzan al Creador.
En realidad, tras el descenso de un alma
desde arriba hacia abajo, su subsecuente ascenso de abajo hacia
arriba, nosotros podemos comprender su estructura y la manera en que
surgió; sin embargo, sucede en el orden inverso. Entonces, uno llega al “padre”, al
Creador. Uno lo alcanza a través del alma que uno corrige gradualmente,
acercándose a Él de esa manera. Este proceso puede ser comparado con el
arte de la pintura. Al fin y al cabo, cuando volvemos al lienzo una y
otra vez profundizamos en este, eventualmente comenzamos a comprender el
pensamiento que inspiró al artista, hasta que reconocemos el
pensamiento del Creador de complacer a la creación. En otras palabras,
la pintura en sí misma es un deleite, un placer; es la acción que
implementa Su pensamiento en la vida. Este es un ejemplo de la manera en
que Su pensamiento en su forma clara puede percibirse a través de la
materia que fue moldeada correctamente.
Al final, la persona aprende todos los
detalles de esta pintura, todos Sus pensamientos, el pensamiento de la
creación que se materializa a través del lienzo. Así es como se
conectan todos los mundos y construyen un mundo: el mundo del Infinito,
el mundo del alcance absoluto.

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