Ésta está oculta de la gente. Estudiar simplemente las fuentes no nos
ayudará a entenderla. La Cabalá no ha sido dada para que la aprendamos
solos, puesto que requiere de una guía personal que hará que sea posible
aprender y alcanzar verdaderamente lo que dice en los libros. La Cabalá no es sólo una ciencia, sino
que es la sabiduría de la creación. Y se revela con la ayuda de una
fuerza única que le llega a la persona, la cambia y la llena de la “Luz”
del intelecto y la emoción, llena el cerebro y el corazón. Sólo
entonces puede la persona encontrar la sabiduría de la Cabalá y
convertirse en un cabalista. Y lo que él recibe es llamado “Torá” o “La
Luz que Reforma”. Esta Luz lo corrige y le da otro carácter compatible
con el descubrimiento del mundo superior. Dentro de nuestra naturaleza
presente, nosotros descubrimos sólo “este mundo”, el nivel más bajo, el
cual, de hecho, no existe, dado que este es totalmente dibujado por la
percepción ilusoria del deseo de recibir. Cuando nosotros adquirimos un
deseo de otorgar, en este nivel, él simplemente desaparecerá. La sabiduría de la Cabalá habla acerca
de todo el proceso al que debe someterse la persona para adquirir
características compatibles con un nivel más alto, es decir, el deseo de
otorgar a través del cual ella sentirá la realidad. El camino comienza a partir de este
mundo, en concreto desde el nivel más bajo, en el que la persona está
completamente separada de lo que tiene que alcanzar. En primer lugar
depende de ella el corregir sus instrumentos de percepción, y después de
esto, ella comienza a investigar lo que recibió y lo que descubrió. El
avance comienza desde aquí hasta que la persona alcance la fuente de
todos los Kelim, vasijas, deseos y todos los llenados dentro de ellos, lo cual es el Creador. Con el fin de llevar a la persona a un resultado tan elevado, los cabalistas escribieron libros para nosotros. Hay libros auxiliares que hablan de discernimientos psicológicos, como “Shamati”, “Dargot HaSulam”, “Shlavei HaSulam”, los artículos de Rabash y Baal HaSulam. Del mismo modo hay libros puramente de Cabalá como, El Libro del Zóhar con el Comentario Sulam El Estudio de las Diez Sefirot
o “El árbol de la vida” del Ari. Los cabalistas los escribieron a
partir del alcance de los mundos superiores con nuevas propiedades.
Ellos los escriben sobre lo que sienten, lo que perciben y lo que no es conocido para nosotros. Pero cuando nosotros leemos estos
libros, podemos adaptarnos; anhelar alcanzar esas emociones, esas
correcciones, dentro de nuestros sentidos. Entonces la lectura despierta
en nosotros la Luz que Reforma, que es la Torá, es decir, la
instrucción, el método. Cuando ésta llega a nosotros, corrige nuestras
intenciones de “recibir” y la convierte en intención de “otorgar”, así
podemos descubrir los fenómenos de un orden de magnitud diferente y
descubrir el “mundo superior”. Por supuesto, esto no nos habla de
galaxias lejanas o tiempos lejanos, sino que se trata de la comprensión
de una realidad cualitativamente nueva. Yo no sé de dónde aparece la Luz, yo no
la siento; pero siento los fenómenos que ella despierta. Empiezo a ser
cambiado, de pronto siento una cadena de elevaciones y descensos, de
diversos estados. Después de ser cambiado, descubro una
realidad superior, entonces, por medio de la lectura en los libros,
empiezo a ser realmente consciente de lo que está escrito en ellos.
Ahora puedo apuntar hacia esos detalles que ellos describen. Supongamos que me compré una máquina
grande y compleja. A pesar de no tener comprensión de sus principios de
funcionamiento, aun así tengo un enfoque técnico y estoy listo para
entender las instrucciones. Con la ayuda de las instrucciones escritas,
yo empiezo a familiarizarme con los diagramas y a comprender la
estructura del sistema hasta que lo aprendo todo. Lo mismo nos sucede en la segunda etapa
en la que vemos el sistema espiritual y aprendemos a trabajar con él.
Este ya es el trabajo práctico verdadero, en el nivel del mundo
superior. Además de eso, los dos escenarios
principales (la atracción de la Luz que Reforma y el conocimiento
práctico) se dividen en multitud de escenarios con las condiciones que
los acompañan. Por ejemplo, la sabiduría de la Cabalá estaba prohibida
para el consumo público, excepto para aquellos que ya estaban “maduros”
para ello. En general, el desarrollo tiene que empezar desde cero, desde el “Big Bang”,
desde el cual se desarrolló posteriormente la sustancia del inanimado,
vegetativo y animado de forma gradual como continuación del mono, que es
el más desarrollado en el mundo del animado, surgiendo el ser humano
que alcanza en última instancia el nivel final del desarrollo egoísta.
En otras palabras, nosotros somos obligados a renunciar, a
descalificarnos a nosotros mismos, a reconocer nuestra maldad, sólo
entonces estamos listos y somos dignos de la sabiduría de la Cabalá. Vemos por la experiencia de la historia,
que siempre nos hemos desarrollado de acuerdo a este esquema. Por
ejemplo, yo me mudo a un pueblo, me involucro en la agricultura, en la
construcción de un hogar, en la conformación de una familia, dando a luz
a los niños, en la compra de vacas, ovejas y después de diez o quince
años, o incluso menos, estoy harto de esto. Basta, ya no quiero
continuar, necesito algo más que esto. Así que dejo la granja, me mudo a
una ciudad y empiezo todo de nuevo. En otras palabras, todo el desarrollo
está basado en la anulación del nivel anterior y en un deseo de ascender
al siguiente nivel. Nosotros debemos odiar el estado actual. A escala
social, esto trae la revolución y a escala internacional el tema causa
guerras que a veces continúan durante décadas. Debemos siempre
desesperarnos de la situación actual para poder pasar al siguiente
estado. Entonces, ¿cuándo se desesperará la
humanidad de su desarrollo egoísta basado en la recepción “para recibir”
y pasará al desarrollo altruista con una intención, “a fin de otorgar”? Los cabalistas determinaron que esto
ocurriría en el siglo XX, después de establecidas una serie de
condiciones que incluyen el retorno del pueblo de Israel a su tierra.
Entonces llegaría el momento para la revelación de la sabiduría de la
Cabalá. Baal HaSulam también habló de
esto. Nosotros hemos recibido el permiso para regresar a la tierra de
Israel y también para revelar la sabiduría de la Cabalá. Pero no todos
recibirán este permiso, sino sólo ciertas personas. Porque hay personas a
las quienes no se les dio un deseo y hay quienes no tienen conexión con
esto. A otras personas se les dio un deseo, pero se les prohibió
realizarlo. Pero hay aquellos que recibieron el conocimiento y también
es posible que actúen. Más que esto, la divina providencia los empuja en
varios aspectos hacia el descubrimiento de la sabiduría de la Cabalá,
puesto que la generación ya es adecuada para ello.
Por lo tanto, Baal HaSulam
escribe que todo lo que él alcanzó y descubrió no se deriva de sus
logros personales, sino debido a que esa generación ya lo requiere este
descubrimiento.

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