De toda la realidad espiritual, nosotros “captamos” sólo una diminuta y
distorsionada parte que podemos sentir en nuestras vasijas corruptas.
Esta parte diminuta de la espiritualidad provee el sustento para
nuestras vidas, alimentándonos, dejándonos así mantener nuestra pseudo
existencia llamada “el sudor de la vida”. Nuestro
mundo con todas sus leyes, naturaleza y ciencia es imaginario, ya que
estas se manifiestan solamente en vasijas ficticias del deseo egoísta en
su etapa más baja. No podemos alcanzar nada con la ayuda de la ciencia,
aunque ésta continuara evolucionando durante miles de años, podría
permanecer siempre dentro del ego. Este mundo
existe sólo en nuestra imaginación. Eventualmente, por encima de este,
revelaremos las leyes de la realidad superior, los deseos altruistas, en
otras palabras, aprenderemos las leyes de la Cabalá que pertenecen al
mundo corregido. En ese
momento, este mundo material desaparecerá (se desvanecerá). Después de
todo, este mundo existe no sólo en el deseo egoísta, sino más bien en el
ser humano. La persona incluye este mundo con todo lo que tuvo y tiene:
dinosaurios, leones, estrellas y planetas. Nosotros no percibimos el
universo en sí, sino más bien sentimos la profundidad de nuestros deseos
materiales. A la
medida de la corrección de nuestros deseos materiales, todo “fluirá”
desde el egoísmo hacia el altruismo; entonces, la materialidad se
“evaporará”. De tal manera que, gastar energía y esfuerzos en la
materialidad es un desperdicio completo, dado que ésta es sólo una base
preparatoria para las etapas subsecuentes.

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