Es muy importante mostrarles a las
personas cuán amistosos somos entre nosotros. Ellos tienen que sentirnos
como un todo colectivo, como si hubiéramos nacido de una sola madre. No
hay diferencia entre nosotros. Pensamos igual, nos entendemos sin
palabras. Un nuevo espíritu, una nueva orientación emana de nosotros. Muchas veces, les he preguntado a los
nuevos que vienen a estudiar con nosotros que es lo que los trae hacia
nosotros. La mayoría responden “estuve por casualidad en una de sus
conferencias y al principio, no sólo no entendía nada, sino que además
tampoco oía nada. Yo estaba muy lejos de esto. Sin embargo, lo que más
me atrajo fue la unidad
entre las personas. Uno se sienta en Internet, el otro en el proyector,
el tercero organiza el sonido, el cuarto toma fotos, y dos asistentes
trabajan en estrecha cooperación con el maestro y las seis personas
trabajan como uno solo. Se siente entre ellos un pequeño Kibutz, una sensación mutua de unos en otros y no particularmente por la profesión. Viven con algo en común”. Esta es precisamente la sensación que
debemos transmitirle a nuestro público, y ésta es la lección que ustedes
les dan. La sabiduría de la Cabalá
no se transmite con palabras. Ustedes pueden estudiar durante diez años
y al final simplemente se convertirán en filósofos que no sienten
cambios internos. Esta se transmite sólo a través de sensaciones y
sentimientos, a través de la fuerza interna que pasa del maestro al
alumno, y esto depende del vínculo entre nosotros. Por lo tanto, lo primero y lo más
importante, el enlace entre el público y el conferencista se organiza
cuando el público empieza a sentir que algo único está ocurriendo aquí:
Una fuerza interna única está entrando, se disuelve en él y nosotros
nos transformamos en un cuerpo completo y homogéneo. Esto es
específicamente lo importante que debemos transmitirles a los oyentes
sobre el método de educación integral.

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