Ellos están en el medio entre el camino de los duros tormentos y el camino del arrepentimiento. Ellos nos salvan del inframundo, el
cual es más duro que la muerte, y nos adaptan para que alcancemos los
placeres celestiales, la sublime bondad, placer que es nuestra porción,
dispuestos y esperándonos desde el principio, como hemos dicho antes.
Cada uno de ellos opera en su generación, de acuerdo al poder de la Luz
de su Torá y santidad. Es difícil describir qué hubiera ocurrido si los cabalistas no nos hubieran preparado ni entregado la sabiduría de la Cabalá
con todas las preparaciones y correcciones que ellos hicieron en el
sistema superior, cuya esencia ni siquiera conoceríamos aún, si ellos no
hubieran escrito todos los libros para nosotros. Es como un bebé nacido
en el mundo de hoy en un hospital con todo el equipo médico más
moderno. Una multitud de instrumentos monitorean
su salud y la salud de su madre, para que el proceso de nacimiento sea
mucho más fácil de lo que era hace cien años. Qué maravillosa comida y
tratamiento han sido creados para él, todo lo posible. Después de eso,
él va al jardín de niños, a la escuela elemental, a la universidad y
es educado. El mundo se tomó esta molestia durante miles de años para
darle a la persona nacida hoy todo lo mejor para su desarrollo. Pero el niño que nace no lo entiende ni
es consciente de esto. Así también les parecemos a los cabalistas que
prepararon la corrección de los sistemas de los mundos para nosotros y
quienes a través de su corrección elevaron Luces en él, de abajo hacia
arriba, hasta el nivel más elevado. Es la misma forma en que un bebé
recién nacido obtiene todos los servicios en un mundo seguro y
garantizado que está listo para aceptarlo y darle lo mejor de todo. Está aún por revelársenos cuán grandes y
poderosos sistemas prepararon los cabalistas para ayudarnos a nacer en
el mundo espiritual. Ellos además escribieron libros para nosotros a
través de los cuales podemos estudiar y despertarnos. Todo ha sido hecho
gracias a esos grandes Tzadikim (justos). Sin ellos no seríamos capaces de salir hacia el mundo espiritual. Adam HaRishon y Abraham podían
hacer esto por sí mismos, dado que eran almas muy refinadas. Por lo
tanto podían descubrir al Creador sin trabajo previo en un grupo ni
sufrimiento, sino sólo gracias a las refinadas almas que funcionaban
dentro de ellos. Pero en nuestro estado, con nuestro denso ego, al final
de los seis mil años, nosotros no podemos acercarnos a la
espiritualidad sin la ayuda de ellos.

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