Cuando ella pasa por las aberturas de la Torá, cuando
despierta en la persona la fase de Jacob y ella quiere seguir el camino
de la Torá, cuando pasa las aberturas de la adoración de ídolos,
cuando la fase de Esaú se despierta para salir. Nosotros debemos explicar esto,
dado que la persona tiene una vasija de recibir por parte de la
naturaleza, llamada amor propio, que es la inclinación al mal y al
mismo tiempo, tiene el punto en el corazón, el cual es su inclinación al
bien, cuando entra el trabajo a fin de otorgar. Esta es la fase de Ibur, que se deriva de la palabra hebrea transgresión (Avera), de esta forma experimenta ascensos, descensos y no es estable, se
ve afectada por el entorno y no tiene poder para superarlo. Como resultado, cuando pasa por un
entorno que se dedica a la adoración de ídolos, lo cual significa amor
propio y se despierta en ella la fase del amor propio de salir del
ocultamiento hacia la revelación y el dominio del cuerpo, entonces no
tiene poder para hacer otra cosa sino lo que le concierne a su deseo de
recibir. Cuando pasa por un entorno que se
involucra en acciones con el fin de otorgar, se despierta en ella la
fase de Jacob de salir del ocultamiento hacia la revelación y las
acciones a fin de otorgar dominan el cuerpo. Así, una y otra vez, esto
continúa día tras día en el trabajo y quienquiera que trabaja con más
diligencia, puede experimentar estos estados cada hora y sentir que los
estados cambian. Todos los ascensos y descensos por los
que pasamos nos los dan para que podamos reconocer que dependemos
totalmente del trabajo del Creador, el cual nos afecta. Por lo tanto,
nuestro trabajo es llamado el trabajo de Dios. Él es el único que opera y esa es la revelación más importante que alcanzamos desde el principio
hasta el final de nuestro camino espiritual. A medida que ascendemos hacia el mundo
del Infinito, se nos convence de que hay una fuerza, que no hay nada
además de eso, que Él es bueno y benevolente. Sólo que esta fuerza
actúa en toda la creación, es decir, en todos nuestros deseos que
retratan nuestra realidad. Tenemos que estar preparados para
descubrir que sólo existe la fuerza superior de amor que domina todo lo
que hay a nuestro alrededor y que no soy yo, o cualquier otro factor
quien lo hace. Mis intentos por aclarar esto significan que yo elevo una
oración, MAN.
Así, descubro que estoy realmente bajo su dominio total. Sólo existe
una fuerza que opera por dentro o por fuera de mí y que llena todo mi
mundo. Descubrir esto por primera vez significa alcanzar el primer nivel
espiritual llamado Ibur. Al principio, yo descubro esto de forma pasiva en el estado de Ibur, pero más tarde, cuando crezco y nazco en el mundo espiritual,
me vuelvo activo. Esto no sólo significa estar bajo la influencia del
entorno, sino atribuirlo todo a una sola fuerza a fin de descubrir
dentro de mí el atributo de Jacob, el atributo de otorgamiento, y
escapar de la influencia del entorno egoísta que es el atributo de Esaú.
Después de nacer, yo realmente me pongo a trabajar con los deseos que
se revelan en mí y los utilizo con el fin de revelar al Creador, la
única fuerza que opera en toda la realidad. Resulta que es el Creador quien se
prepara todos los estados para mí y quien me involucra en ellos.
Entonces, resulta que no sólo Él arregla todos los estados para mí, sino
que además él determina mi reacción hacia ellos. Esto significa que Él
maneja no sólo mi externalidad, sino también mi interioridad, “Por
delante y por detrás Tú me has rodeado”. Así, descubro que el Creador
está en todos mis deseos, pensamientos, decisiones y mis respuestas. Al final, resulta que yo no tengo más
que un punto de perspectiva desde el cual previamente le atribuí todo a
mi dominio solamente, y ahora se lo atribuyo todo al Creador, como
resultado de mi profunda aclaración, en todas mis sensaciones en los
buenos y en los malos estados, en mis decisiones, al establecer la línea
media en mi trabajo interno. De esta forma alcanzamos la ruptura de
abajo hacia arriba y con ello, aprendemos acerca del trabajo del Creador
en nosotros, que ha preparado todos los detalles para ello. Así estudiamos la HaVaYaH que el
Creador creó de abajo hacia arriba. De este modo, nos elevamos al mundo
del Infinito con el fin de ver, conocer y sentir el plan de la creación
que está incorporado en esta HaVaYaH inicial y por lo tanto está incorporada en ella. Dentro de esta HaVaYaH nosotros agregamos nuestro trabajo llamado Elokim, Maljut trabajando junto con Bina, y luego somos incorporados en la copulación de HaVaYaH Elokim, el Creador y la creación. Todo nuestro trabajo es descubrir al
Creador como la fuerza que opera en todo: en la preparación de todas las
fuerzas, en las conexiones, en la planificación de cómo pasamos a
través de los estados, dónde estamos equivocándonos, a fin de alcanzar
la profundidad total de la creación, la profundidad del plan original
del Creador llamado el plan de la creación. Los niveles de crecimiento espiritual de la persona, Ibur, Yeniká (amamantamiento) y Mojin (mente) los hace sólo el alcance de una fuerza superior y su esencia.

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