En primer lugar tenemos que alcanzar una igualdad general. Es imposible avanzar sin eso. Cada uno tiene que hacer lo mejor que
pueda para anularse, anular su propia opinión con el fin de hacer lo
que dice el libro, lo que dicen el autor del libro y el maestro. De lo
contrario la persona no aprende. Sólo la persona que siente que es menos que el maestro puede aprender: de mí, de Rabash, de Baal HaSulam, de todos los grandes cabalistas que están detrás de nosotros y nos
enseñan. La persona debe ser humilde ante los demás y verse a sí misma
como la última en esta cadena, incluso que no es parte de este sistema. Si pudiéramos empujar a todos los
estudiantes aquí por medio de un filtro especial, veríamos quién pasa o
no pasa esta prueba: su propia humildad hacia los demás, hacia el grupo,
el maestro, hacia las opiniones de los autores del libro. Entonces,
¿cuántas personas quedarían? Como se nos dice: “He llegado y no hay
nadie”. Hay muchos cuerpos, pero internamente no hay siquiera un Minián (diez personas). Entonces primero debemos completar esta condición. Cada uno piensa que es él quien sabe
cómo hacer las cosas correctamente, pero él no debería “pensar”, nuestro
rol no es pensar, sino llenar. Después de que la persona ha alcanzado
cierto discernimiento espiritual, se da cuenta que es necesario anularse
a sí misma ante el grupo y empieza a incorporarse en él, a ver todo lo
que ocurre a través a este, desde la perspectiva del beneficio del grupo
y no desde su propio beneficio, por la meta sobre la cual escribieron
los cabalistas. La persona recibe esto como desde afuera, como si ella
fuera un tercero que no está relacionado con esto; que ella misma se
vuelve un cero total. El principal problema que nos detiene
para alcanzar la espiritualidad, para sentirla, empezar a vivir en
ella es que lo vemos todo a través de nuestro ego, a través de la
intención con el fin de recibir. Nosotros tenemos que anularlo un poco,
ponerlo a un lado, entonces nos acercaremos a la percepción real y
seremos capaces de verlo todo de la manera en que realmente es. Así que
deberíamos tratar de rebajarnos constantemente a nosotros mismos hasta
un cero absoluto.
Cuando la persona alcanza este nivel,
empieza a percibir la meta independiente de su ego, de forma objetiva,
ella debería tomarlo y correr. Sin importar si escapa de eso o no, o si
actúa dentro de la razón o por encima de la razón, la persona verá la
verdad.

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