Sin
duda, nosotros deberíamos aspirar a una decisión colectiva, pero ya que
tenemos que avanzar rápidamente, no podemos involucrar a todo el grupo
en la toma de decisiones. Es por eso que existe el concepto de la
fábrica: Estamos divididos en departamentos, en grupos de trabajo y cada
grupo tiene su propio trabajo. Es imposible que todo el mundo discuta y
participe en todas las decisiones que se toman. Por lo tanto hay
gobiernos. Cuando la nación de Israel estaba en un nivel espiritual,
existía el Sanedrín, un gobierno espiritual que estaba compuesto por
sabios, cabalistas. Todo está dispuesto siempre en la forma de una
pirámide. Así que tiene que haber grupos que se
dediquen a diversos proyectos. Por ejemplo, yo no sé cómo están
organizadas la difusión, la edición de libros o películas. Este no es mi
trabajo. Se me pide una dirección acerca de la estrategia general y de
acuerdo a ella, los que están a cargo hacen un plan de trabajo
específico. De todo lo que hemos atravesado debemos
aprender que todas nuestras decisiones no operan en una u otra
dirección. Si la decisión fue aceptada con total entusiasmo, confiando
en los amigos, dispuestos a entregarnos para que ellos puedan hacer lo
que quieren, esta es una decisión correcta. Si cometemos algún error,
posteriormente lo corregiremos. Entonces caeremos de nuevo y
corregiremos las cosas nuevamente, todo nuestro camino está compuesto de
errores. Es suficiente con ver aquello de lo que
nos habla la Torá con respecto al peregrinar por el desierto: Siempre
surgían problemas que debían corregirse. También este es nuestro camino.
De tal forma que si no tenemos éxito, no debemos pensar que hemos
fracasado. Si descubrimos que somos egoístas, que estábamos
equivocados, este es el camino correcto y así debía ser. Así que consideren todos los problemas
de manera equilibrada y estable. No entren en pánico sobre lo que puede
sucedernos si no tomamos la decisión correcta. Por el contrario, nuestro
avance es una sucesión de ascensos, descensos en el descubrimiento de
la maldad y en su corrección. Tenemos que aceptar el hecho de que nos
dirigimos hacia nuestra corrección, de tal manera que debemos
relacionarnos con todos los problemas que se nos presentan de una forma
equilibrada.
No debemos preocuparnos demasiado por
ciertas decisiones que tomamos. Sin importar lo que ustedes decidan, lo
que tenga que ocurrir, sucederá. Sean un poco fatalistas, hagan todo lo
posible y acepten gustosos lo que suceda después.

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