Sin ellas, no somos capaces de revelar la Luz (al Creador), dado que
todo lo que somos capaces de hacer es modificar la intención. Egipto es
la intención para el beneficio propio. La tierra de Israel (Eretz Israel) es un deseo (Ratzon) dirigido directamente hacia el Creador (Yashar El). El mismo deseo que existe en Egipto transforma a Israel después de cambiar la intención. Nosotros tenemos un solo deseo. Cuando
lo revelamos por primera vez, parece como si fuera la antigua Babilonia
porque todo es muy confuso. Se trata de un enorme egoísmo que mezcla
todos los estados juntos. La primera vez que salimos de nuestro ego
debido al método de Abraham, nos esforzamos por superar nuestro deseo
de recibir y separarnos de nuestros estados previos tanto como nos sea
posible. Este fenómeno es llamado “Abraham”.
Abraham nos guía para que salgamos de Babilonia y nos separa de nuestro
egoísmo corporal al que estamos acostumbrados. Al principio, cuando uno llega a un grupo, se le enseña cómo trabajar más allá de su egoísmo y cómo conectarse con amigos. Mientras intenta lograr la unidad, uno de repente experimenta una tremenda caída. Esta es la entrada a Egipto: una
intención más egoísta y dura. Uno quiere recibir todos los mundos. Es la
intención más egoísta y enfocada. Incluso quiere usar la sabiduría de
la Cabalá en aras del bienestar personal. Esto es llamado el poder de
Faraón. Si seguimos trabajando, el grupo y la
Luz Circundante nos influyen. No sentimos la Luz, sino que notamos las
consecuencias de su impacto en nosotros. Sentimos que estamos obligados a
salir de nuestro egoísmo, a deshacernos de él. Aplicamos esfuerzos y
experimentamos problemas y numerosas dificultades que nos ayudan a
desprendernos de nuestro ego. A veces caemos muy profundamente en
nuestro egoísmo. A veces nos separamos de nuestro ego y nos elevamos por
encima de él. Atravesamos subidas y bajadas. Nuestro egoísmo (Faraón)
sigue recibiendo golpes hasta que nos deshacemos de él. La primera separación de la intención
egoísta es llamada éxodo de Egipto. Esto es lo que esperamos atravesar
todos juntos cuando nos unamos. Yo anticipo que este Pésaj que viene no será para nosotros sólo una festividad en el calendario y que experimentaremos un salto espiritual. ¿Qué cambiará en nosotros si ocurre el
salto? En primer lugar, Babilonia se convertirá en una sensación de que
estamos en Egipto, en la esclavitud, aún dentro del deseo de recibir.
Todo depende de nuestra percepción. En Babilonia, todos actuaban dentro
de su egoísmo y esto era considerado como algo normal, porque esta es la
naturaleza humana. Pero nosotros no estamos de acuerdo con
este estado y queremos elevarnos por encima del ego. Cuando tratamos de
elevarnos, pasamos de Babilonia a la tierra de Canaán, a la futura
tierra de Israel. Allí, de pronto sentimos que simplemente no podemos
hacerlo de la manera en que lo intentamos y que nos tenemos que
quedarnos dentro del deseo de recibir, de lo contrario no avanzaremos en
absoluto. Esto significa que hemos entrado en Egipto. Cuando reconocemos la necesidad de
cambiar las intenciones y pasar de la intención egoísta a la de otorgar,
empezamos a trabajar para salir de Egipto y continuamos con nuestro
trabajo hasta que nos las arreglemos para desconectarnos de nuestra
intención egoísta. La separación de esta última es el éxodo de Egipto. Entonces, no estamos seguros de qué
debemos hacer a continuación: Nosotros mismos nos hemos separado del
egoísmo, pero ¿ahora qué? En este punto, empezamos a adquirir la
intención de otorgar que añadimos a la parte superior del mismo deseo
que teníamos cuando estábamos en Egipto. Es por eso que cada mandamiento
que observamos, cada acción de otorgamiento, es sólo un recuerdo de
nuestro éxodo de Egipto. Yo uso el deseo que antes se llamaba
Babilonia, luego Egipto, después se transformó en el desierto de
Sinaí y al final éste se convirtió por último en la tierra de Israel.
El deseo sigue siendo el mismo, pero la intención mejora cada vez.

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