Si estamos hablando con personas de la calle, entonces para todos habrá
diversas comprensiones de los conceptos de exilio y redención, pero
ellos estarán en oposición con aquello que se les destinó en la Torá. La persona no entenderá esto mientras no
sienta que ya no puede permanecer dentro de su piel, dentro de esta
serpiente que la sofoca. Bajo ninguna circunstancia estará dispuesta a
permanecer por más tiempo bajo el control de esta serpiente, aun cuando
antes vivía de forma magnífica y disfrutaba bajo esa piel. Pero ahora ve su redención sólo si
descubre la habilidad de otorgar, de amar, de conectarse y corregir
todas las partes de su alma. Ella comenzará a ver el mundo entero como
su alma que debe organizar, con el fin de hacer posible que el Creador se descubra en ella y llegue a la adhesión con ella. Mientras la persona no haya preparado
todas esas condiciones, no puede haber redención ¿De otra manera en qué
habría redención? Cuatrocientos años de exilio es un proceso de cambios
internos por los que debemos pasar con el fin de determinar qué es la
corporalidad, qué es la espiritualidad y qué tipo de redención espera
la persona de este exilio. Redención es el descubrimiento del poder
de otorgamiento que la dominará y la dirigirá. En ese Egipto, en ese
exilio, se le revela la habilidad para otorgar. Entonces Egipto se
vuelve un desierto y después de eso, la Tierra de Israel; todo sucede
en ese deseo; no hay otra sustancia. Todo se hace y se realiza en esa
sustancia; sólo en nuestras relaciones con ella cambia el método con el
cual trabajamos con ella; las usamos con nuestro Creador.

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