La
observancia física de los judíos religiosos en el día a día es una
réplica material de las acciones espirituales, la Cabalá recomienda
seguirlas. Sin embargo, la Cabalá no nos enseña
sólo a cumplir con las acciones físicas en este mundo material, ni
recomienda sentarse y no hacer nada los sábados. La Cabalá nos enseña a
corregir nuestro ego durante los seis días, es decir, a conectarnos con
otros. Cuando establezcamos una clara conexión con los demás, nos
daremos cuenta en el séptimo día de que somos incapaces de conectarnos
con ellos por nuestra cuenta. Vemos que el comunismo, el socialismo, las comunas y los Kibbutzim no
pueden cambiar el estado de las cosas en el mundo. Esto es posible sólo
si actuamos de acuerdo al esquema que nos da la oportunidad de reunir
correctamente durante los primeros seis días todas las partes rotas, lo
cual da como resultado el séptimo día, con todos nuestros deseos, aspiraciones por ensamblarlas nuevamente a todas juntas, acumulándolas
una vez más y pegándolas bajo la influencia de la fuerza superior que
una vez las fragmentó. Por lo tanto, al reunir las partes del alma común
una vez más, nosotros permitimos que la Luz que una vez las fragmentó
las pegue de nuevo. Al actuar así, ¿qué logramos? Cuando
trabajamos durante los seis días, comenzamos a entender exactamente cómo
pueden ser ensambladas esas partes de forma exacta, vemos si
corresponden, cómo se impactan y se ayudan entre sí, cómo se auto anula
una frente a la otra y después se conectan por encima de su egoísmo. ¡Pero sólo estamos intentándolo! Las
personas son incapaces de hacer algo por su cuenta, que es lo que la
Rusia soviética y otros países del mundo trataron de hacer; algunas
sociedades están tratando de hacerlo ahora. Esto es imposible porque carecemos de la
fuerza que es capaz de cambiar las cosas, porque sólo estamos en
nuestro deseo de recibir. Pero si lo hacemos correctamente, gradualmente
acumularemos la Luz Superior, entonces después de que terminemos de
construir este sistema, la Luz influirá en nosotros y lo completará. Si lo dejamos como está o lo ignoramos,
no alcanzaremos la conexión correcta con la Luz. En realidad para eso
ocurrió la ruptura, para que ahora, a partir del punto roto más bajo,
nosotros peguemos las partes rotas en un nuevo todo. La ruptura fue con
el fin de que entendamos las propiedades de la Luz, nos conectemos y
nos elevemos hasta su nivel. Este es el propósito de la creación, la
razón de todo lo que sucede con nosotros en todo el universo. Por lo tanto, el séptimo día de la semana es el punto de quiebre y es llamado “Sabbath, Shabbat” del hebreo “Shvitá”,
que significa exento de trabajo. Permitimos que la Luz trabaje en vez
de nosotros y se incluya en esto. Los seis días no se tratan de días en
realidad; son acciones que pueden hacerse por ejemplo en 15 minutos,
pero que podrían tomarles dos meses. Cada séptima etapa debe ser siempre en
adición a sus esfuerzos, ustedes observan la acción de la Luz y
comienzan a entender las propiedades de ella. En otras palabras, las
cualidades de la Luz entran al sistema de conexión mutua que hemos
creado. Entonces ascendemos al próximo nivel y alcanzamos las
propiedades de la Luz según el grado de esfuerzos que hemos hecho
durante los seis días de la semana.
Así es como trabajamos semana tras
semana, hasta que alcanzamos la completa reunificación de todas las
partes rotas en una sola alma unificada y alcanzamos la Luz que actúa
dentro del sistema, es decir, al Creador: la fuerza original que hizo
todo el universo. Este es nuestro trabajo, nuestra meta, nuestro avance.

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