Un ser humano es diferente a un animal en el hecho de que tiene un Rosh con el que decide cuanta Luz puede recibir con el fin de otorgar. Los deseos con que yo recibo son llamados Toj del Partzuf espiritual (del cuerpo). La parte en la que no puedo recibir es llamada Sof (final). Lo que se deduce de esto es que a través
de esta decisión yo divido mi realidad y me divido todo yo en tres
partes. La parte en la que recibo una decisión es el Rosh (cabeza), esta es mi parte más importante, gracias a la cual soy llamado hombre y soy diferente a un animal. Un animal tiene sólo un deseo sin
división en cabeza, torso, y final. Esto significa que está dominado por
la Luz directa que influye en él y responde en consecuencia. Entre
estas influencias, en el medio, no hay cabeza; no hay ninguna
restricción. Es por esto que el animal está
absolutamente ligado al Creador por el instinto. El animal no comete
errores, sino que siempre lleva a cabo las órdenes del Creador. Por lo
tanto, los ángeles pertenecen al nivel animal. Pero el hombre toma en cuenta cuánto se
parecerse al Creador y por eso comete errores. ¡Él tiene una cabeza por
medio de la cual se vuelve independiente! Así que él no utiliza todo su
deseo, sino que lo divide en partes y construye un Partzuf espiritual. Al principio sólo tenemos un deseo y
llevamos a cabo una restricción en él. De esta manera recibimos la
posibilidad de considerar qué más que hacer con el deseo; nosotros
estamos trabajando con la cabeza. Trabajar en la cabeza contra el deseo, no de acuerdo a sus deseos, sino de acuerdo a mi cálculo, es llamado un Masaj (pantalla).
Esto significa que la pantalla es deseo + restricción + decisión de
parecerme al Creador, mi meta la construyo a partir de la cabeza y la
intención. Debemos acercar en la medida de lo
posible todos estos conceptos hacia nosotros, porque ya estamos en
ellos. Tan sólo debemos aclarar qué es la cabeza, dónde está la
pantalla, dónde está la restricción, dónde está la intención, cómo puedo
recibir y cómo divido el deseo desde aquí para allá. Es como si yo estuviera en una dieta, eligiera el plato que me llevará hacia qué, cuanto se me permite comer y
qué no. Nosotros hacemos un cálculo de este tipo con la cabeza del Partzuf,
y después de eso realizamos esta decisión en el cuerpo. Todo esto es
muy claro, la única pregunta es ¿para quién estoy haciendo esto?. Esta es la única pregunta, toda la
diferencia entre lo físico y lo espiritual está en ella. En el mundo
físico mantenemos una dieta con el fin de lucir bien y estar sanos.
Mientras que en el mundo espiritual, lo hacemos con una intención
diferente: con la esperanza de estar dándole contento al Creador.

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