Moisés y Aarón entraron en la
Tienda de Reunión. Luego salieron y bendijeron al pueblo, y la gloria
del Señor se le apareció a todo el pueblo. El fuego salió de delante
del Señor, consumió la ofrenda quemada, las grasas que había sobre el
altar y todo el pueblo vio, cantó alabanzas, y cayó sobre su rostro. En el mundo espiritual todo está
construido en forma de pirámide. El pueblo son los deseos más numerosos,
pero los más débiles y los más bajos son corregidos por los deseos más
elevados. Ambos son deseos egoístas, pero su corrección se realiza
simultáneamente en la conexión entre ellos. Así que el atributo de amor y
otorgamiento se revela gradualmente a medida que es transmitido desde
los más altos deseos a los más bajos por medio de la ayuda mutua entre
ellos. Aquí opera el sistema mutuo de la Luz
Directa y la Luz Retornante. Éste no es discreto sino analógico, así que
no funciona en fases sino simultáneamente desde el principio hasta el
final. Es imposible que algo ocurra al principio y algo más al final,
porque el sistema funciona de forma simultánea de arriba hacia abajo y
de abajo hacia arriba. Este es el principio del mundo
espiritual. En nuestro mundo también hay este tipo de sistemas
analógicos. El inferior y el superior dependen uno del otro y se
complementan mutuamente y, a menos que se extienda desde la parte
superior hacia abajo y desde abajo hacia arriba, no habrá una revelación
plena del Creador. La aparición del Creador ante la nación
es la revelación del atributo de amor y otorgamiento, y tiene que
revelarse no sólo en los niveles superiores, sino también en los niveles
más bajos. Con el tiempo la sensación del Creador, Su alcance, tiene
que sentirlo todos en la forma completa. Cuando Él se revela,
desaparecen por completo las diferencias entre todos. El Creador se les revela a todos: a
Aarón, a Moisés y al pueblo. En general, no hace ninguna diferencia en
qué nivel esté cada uno. Todos se vuelven iguales en poder y son
llenados por igual. El inferior le sirve al superior, El
superior le sirve al inferior y ambos le sirven al Creador. El Creador
le sirve cada uno de ellos y a todos ellos juntos. El resultado es un
sistema global integral cerrado en el que todos están totalmente
conectados. El Creador está conectado con los otros, no menos de que lo
que ellos están conectados con Él, como una madre con sus hijos. Es sólo
que no está claro quién necesita más de quién. Finalmente resulta que
todos necesitan de todos. Dicha convención completa se alcanza en
nuevos atributos altruistas que son el resultado de la purificación y la
correcta preparación de la ofrenda, es decir de mí mismo. Cuando nos
ofrecemos a nosotros mismos, lo cual significa que nos acercamos a los
atributos del Creador, Él se revela en nosotros. Es más, Él se nos
revela a todos por igual. Todos comienzan a entender que trabajar
por sí mismos, por los demás y por el Creador, son la misma cosa.
Cualquier sentido diferente del ser creado desaparece de alguna manera.
Todo se revela como un mundo de Ein Sof (Infinito), como adhesión completa.

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