Es
uno y el mismo, debido a que el sistema en el que existimos es
integral. Todos nosotros estamos incluidos unos en otros en todas las
variables posibles: con la naturaleza inanimada, vegetativa, animal y
entre nosotros. Este enorme sistema multinivel es tan interdependiente y
multicapas que no podemos entenderlo por nuestra cuenta. La única cosa que podemos hacer es
trabajar con él tratando de estar integralmente interconectados a través
de las direcciones correctas que nos da la Torá (Torá viene de la
palabra “Ora’á”, “instrucciones” o “guía”). Siguiendo su guía,
empezaremos a sentir cómo nos influye correctamente este sistema y cómo
influimos nosotros en él; aparece una correspondencia mutua entre el
Creador y nosotros. En otras palabras, en nuestras
relaciones aparece un sentido de eternidad, perfección, armonía y
nosotros, al equilibrar nuestras relaciones con los demás y con la
naturaleza que nos rodea, descubrimos la posibilidad de revelar la
unidad llamada el Creador.
El Creador no existe por fuera de
nuestra conexión. Es por esto que se nos dice que no creemos para
nosotros mismos una imagen, porque el Creador no tiene un atuendo.

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