Hace
unos 4.000 años una civilización próspera se extendía por esa vasta y
fértil tierra, y su gente se sentía conectada, compartía el mismo
destino. En las palabras de la Torá, “Toda la tierra tenía una sola lengua y una misma forma de hablar” (Génesis, 11: 1). Pero a medida que sus lazos se hicieron
más fuertes, también lo hicieron sus egos. Ellos comenzaron a explotarse
y a odiarse unos a los otros. Así, mientras los babilonios se sentían
conectados entre sí, también crecían alienados de los demás debido a la
intensificación de la naturaleza egoísta dentro de ellos. En consecuencia, los babilonios se
sentían atrapados entre la espada y la pared, sin saber qué hacer.
Comenzaron a buscar una solución a su difícil situación. El texto completo del folleto está aquí.

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