Si escribiera en una hoja de papel:
“¡Tengo que pedirle a la Luz!” lo leyera cien veces, no pasaría nada.
Esto se convertiría en un hábito; podría seguir repitiendo estas
palabras como un disco rayado y nada más. Pero se nos da la oportunidad de cambiar
nuestro deseo con la ayuda de nuestro entorno. Después de todo,
existimos entre otras personas y no solos. Cuando yo los escucho y los veo a través
del prisma de la envidia, la lujuria y el honor, de todas estas
propiedades que son parte de mi deseo de recibir placer, entonces quiero
recibir todas las cosas buenas que ellos tienen, y elevarme aún más
alto que ellos. Si quieren ser ladrones, entonces yo quiero ser el ladrón más importante, poderoso y exitoso, porque ellos respetan esto. Cuando mi entorno considera importante
el alcance del atributo de otorgamiento, entonces, naturalmente yo
querré con todas mis fuerzas tener éxito en ello, ya que esto se volverá
importante para mí. De tal forma que yo puedo cambiar el
deseo de mi corazón a través del entorno. Entonces, también está
escrito: “Haremos y escucharemos”, porque yo soy capaz de hacer esas
mismas cosas como consecuencia de que repentinamente desearé algo que al
principio no estaba en mí, como el otorgarles a los demás y considerar
que se trata de algo importante, aunque se trate de un deseo de otorgar
egoísta en cierta medida. Después de todo, yo existo en una
sociedad egoísta, y si esta sociedad comienza a convencerme de que vale
la pena otorgar, naturalmente yo, al igual que todos mis amigos,
empezaremos a pensar que realmente vale la pena otorgar. Pero al mismo tiempo, yo creo que esto
me beneficiará, que seré importante ante sus ojos, que seré grande, que
alcanzaré el Mundo Superior y que el Creador será mío. Entonces esto es
otorgar; lo que importa es mí ganancia. A esto se le llama Lo Lishmá. Cuando impulsado por esta aspiración,
yo, no obstante quiero que la Luz venga a mí y me cambie, ésta comienza a
cambiarme y de repente me contagio con algún tipo de “virus”; adquiero
algo que no tenía antes, algo que no quería y que no tenía la
intención de conseguir. De repente comienzo a pensar realmente que el
otorgamiento es algo especial, bueno y sublime. ¿De dónde viene esto? Esto aparece como
una enfermedad que ustedes realmente no quieren tener. Yo empiezo a
pensar seriamente que es una buena cosa pensar en los demás en vez de
pensar en mí, sin ningún tipo de beneficio o recompensa para mí. Naturalmente, yo aquí atravieso una
secuencia de cambios. En primer lugar, creo que debo alejarme de mi
deseo egoísta de recibir placer y que esto me hará sentir mejor y más
libre. Entonces comienzo a pensar que yo
debería otorgarles a los demás, porque de esta manera aun así adquiero
algún tipo de superioridad, porque al final me acercaré al Creador, y
esto también es digno de algo. Así sucesivamente, hasta que la Luz influya gradualmente en mí, de tal forma que alcance una intención pura llamada Lishmá, exclusivamente “en aras de otorgar” sin recibir nada a cambio. Yo lo siento; compruebo que no recibo nada a cambio.

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