Sí, de hecho es así, ya que se trata de los sabores de la Torá. Pero para probarlo, hay que sentirlo. ¡Se me hace agua la boca cuando miro lo
que prepara un cocinero! En la Torá, sin embargo, leo acerca de un
cordero que es sacrificado, pelado, cortado, etc., así que, ¡¿qué tiene
que ver esto?! No tengo una sensación que coincida con la descripción de
esas acciones espirituales. Durante la lectura, tengo que saborear,
sentir los deseos y atributos que coinciden; cómo operan en mí, qué
rechazo y qué me atrae. Tengo que sentirlos porque estos son los mismos
deseos e intenciones que vivo y son los más importantes para mí en
cualquier momento dado. Es decir, o bien me acerco a la fuente superior
real de la que depende todo, o, me aparto de ella. Esto quiere decir que aquí yo trabajo
con los atributos más destacados, pero que en la Torá son descritos en
palabras y definiciones que están muertos y lejos del léxico que
describe las sensaciones. No hay nada que podamos hacer, puesto que el
lenguaje de la Torá opera con precisión de acuerdo a la conexión entre
las raíces y sus ramas. ¿Qué saborearé si tomo cedros del
Líbano, un abedul, o una cuerda de bobina escarlata? Estas cosas no
tienen sabor ni entiendo a qué se refieren. Sólo cuando la persona descubra dentro
de ella estas sensaciones, cuando irrumpan en ella mientras lee la Torá,
lo oculto se volverá revelado

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