Esto significa que el Creador (un sistema de naturaleza superior que tiene una sola fuerza que se manifiesta a través del sistema) inserta “algo” en nuestros pensamientos… es decir, Él nos hace una pregunta. No hay otra fuerza en el universo, “nadie más aparte de Él“.
Por supuesto, el Creador nunca haría una creación que se levantara
contra de Él; Sin embargo, Él creó el pensamiento (contra Sí mismo) de
tal que aparezca la trepidación delante de Él. Es como si la persona siguiera al
Creador en su deseo de encontrarlo y revelarlo a Él al escudriñar en qué
tipo de interacciones entre nosotros puede Él ser encontrado. No podemos imaginar cuán fácil es. Todo
está justo frente a nosotros, pero miramos a distancia y no vemos lo que
está a nuestro lado. No se trata sino solamente de una barrera
psicológica. Tan pronto como cambiamos y salimos de nosotros mismos,
comenzamos a sentir al Creador en las conexiones entre nosotros. Yo me muevo hacia los demás y salgo de
mí mismo. De repente, aquí junto a nosotros existe la fuerza natural que
conecta, regula y lo mantiene todo unido en forma de un perfecto
equilibrio. Nosotros somos los que distorsionamos el
equilibrio, la armonía con nuestras intenciones, deseos y relaciones
egoístas. Sentimos que somos nosotros los que estamos echando a perder
el equilibrio y la armonía. Así, está claro que el mundo es algo creado exclusivamente por nosotros en contraste con el trasfondo de la perfección. El alcance está relacionado con la
búsqueda del Creador mediante la fe por encima de la razón. El alcance
ocurre cuando encontramos las propiedades que están más allá de este
nivel material, por encima de nuestras consideraciones terrenales y
contrario a nuestra lógica. Todas nuestras percepciones surgen del deseo
de recibir para nuestro propio beneficio. Es por eso que no podemos
estar de acuerdo con algo que contradiga este deseo. Por el contrario, el mundo real está por
fuera de nosotros; en nuestra percepción externa. Es por eso que la fe
por encima de la razón es una condición a la que todos tenemos que
llegar eventualmente a través de la sensación de las cosas que suceden
por fuera de nuestras necesidades y aspiraciones egoístas naturales. Debido a la pregunta del
pecador, uno tiene que estar de acuerdo con la fuerza del Creador sobre
nosotros una y otra vez. Este proceso se llama “temor”. Las preguntas del pecador son las constantes necesidades, demandas y pensamientos
que surgen acerca de las formas de complacernos a nosotros mismos. Se
trata de un movimiento permanente hacia nosotros mismos. Es cuando nos
ocupamos sólo de nosotros mismos en todas las formas y en todos los
niveles posibles. Las preguntas del pecador nos las dan a propósito para
que después de deshacernos de ellas, volvamos a empezar a avanzar. Así sucesivamente caemos sin fin en el
egoísmo al cuidar de nosotros mismos en nuestros pensamientos y deseos.
Entonces, hacemos esfuerzos y nos elevamos de nuevo. Este proceso
continúa hasta que nos cansamos y nos negamos a cumplir con este
trabajo. Este continúa hasta que llegamos a entender que sólo el entorno
puede apoyarnos en este proceso y ayudarnos a aprender cómo pensar en
los demás. Si permaneciéramos en el estado de
garantía mutua y mantuviéramos la idea de ayudar a los demás, no sólo a
nosotros mismos, todo sería muy bueno. ¿Por qué es así? Porque nosotros
no somos capaces de pensar en los demás. Seguimos cayendo en nuestros
propios deseos. Sin embargo, si somos capaces de pensar en los demás y
al mismo tiempo pedirle al Creador que nos ayude, Él nos extenderá su
ayuda, dado que Él sólo responde a este tipo de pensamientos y oraciones
porque son similares a sus propiedades. Así que, tan pronto como comenzamos a
aspirar a servirles a los demás y pedirle al Creador que nos conceda Su
ayuda, Él responde inmediatamente y nos ayuda, dado que nosotros, el
grupo, el Creador estamos en la misma longitud de onda y en un solo
movimiento articulado. Si lo hacemos por nuestra cuenta, sin el Creador,
ya no sucederá nada. Incluso si estamos junto con el grupo, no
sucederá. Tiene que haber un sistema en triángulo: el grupo, el Creador
y yo. Esta estructura también debe ir
acompañada de temor. Tenemos que ser cuidadosos y vigilantes por lo que
no nos apartemos de nuestro camino o perdamos la dirección correcta.
Nuestro egoísmo nos destrozará, nos separará desde dentro y nos
susurrará: “Por favor, olvídate del Creador y del grupo. ¡No hay nada
malo en abandonarlos! Lo principal es que pienses en ti mismo o sólo de
los demás sin la participación del tercer elemento”. En este punto necesitamos un gran apoyo.
Cuantos más participemos en este movimiento, mejor. La masa general de
personas que asegura un avance absolutamente correcto es llamada 600.000
almas. Se trata de un número condicional que no es ni siquiera un número, sino más bien un avance general que causa el impacto de Zeir Anpin en Maljut. Dado que Zeir Anpin consta de seis Sefirot que influyen en Maljut, al influir en un punto en Maljut con la Luz de Jojma, su nivel se multiplica hasta 600.000. Por lo tanto, al obtener el apoyo, nos
volvemos realmente capaces de sentir temor y de permanecer
constantemente en el estado de aspiración permanente para avanzar. Esto explica el significado de
la frase: “El Creador hizo que todos le temieran a Él”. Cada uno de los
malos estados que uno siente es esencial para mantenerlo en la condición
actual de uno. En otras palabras, si uno aún no
ha subido las escaleras de la grandeza del Creador, no tiene la
oportunidad de superarse a sí mismo. Sólo cuando uno siente la grandeza
del Creador, el corazón se rinde. Esto significa que uno ya ha subido
los peldaños del temor. ¿Cómo puede uno entender que ha
alcanzado el estado de temor, al alcanzar el nivel correcto de emoción, y
saber cómo cuidar de los demás? Esto ocurre cuando la persona se da
cuenta de que en su preocupación por los demás siente el llenado del
Creador. El Kli (vasija) de uno se corrige sólo cuando recibe
la plenitud. Hasta entonces, tenemos que seguir buscando el llenado,
tanto en cantidad como en calidad para que nuestra preocupación, temor, e
intención se formulen correctamente y coincidan con el nivel que está
por encima de nuestro ego. Para eso, se nos da la grandeza del grupo, la importancia de nuestros amigos, como un medio de conexión
entre nosotros, como una herramienta de ejercicio. Esto ocurre
exclusivamente para sentir el llenado del creador al final del proceso;
la gratificación dentro de nuestras diez Sefirot que podemos
sentir sólo juntos en la conexión entre nosotros. Cuando nos atamos a
nosotros mismos en este nudo, comenzamos a sentirnos como una unidad
dentro de lo unificado. Naturalmente, uno se desvanece cuando
alcanza un estado de conexión global. Uno pierde el “yo”. Desde el “yo”
individual, uno hace la transiciones hacia el “nosotros”, del “nosotros”
a la unidad en la que “el Creador”, nosotros y yo, somos un todo. Se
nos dice: “Él y Su Nombre son Uno”. El Creador es la Luz y Su nombre es
un Kli (vasija). Por lo tanto, todas estas preguntas y otros numerosos obstáculos lo llevan a uno a sentir la necesidad del Creador, de Su ayuda. En otras palabras, no somos capaces de
hacer preguntas, ni siquiera podemos cometer los errores correctos,
puesto que cuando nos dejamos ir, cometemos errores que nos hacen caer
inmediatamente. Con el fin de hacer los errores correctos, tenemos que
aspirar a seguir adelante. Se nos dice: “He creado la inclinación al mal
y la Luz para corregirla”. ¿Cómo se manifiesta el mal manifiesto en sí?
¿Dónde podemos detectarlo y verlo? Resulta que estas palabras no son sobre
el mal que existe en este reino material ni sobre la maldad de nuestras
relaciones con los demás. Ni una sola persona en el mundo sabe en
realidad qué es el mal que hizo el Creador. La maldad que tiene que ser
corregida se revela en nosotros sólo cuando aspiramos hacia la unidad en
el camino correcto. Si aspiramos a la unidad, nos
esforzamos por conectarnos correctamente en el progreso mutuo y si
mediante el intercambio de temor, nos las arreglamos para ayudarles a
los demás, no sólo a nosotros mismos, luego comenzamos a detectar
nuestra naturaleza egoísta, nos damos cuenta de cuán fuertemente somos
rechazados por ella y cuán ampliamente nos odiamos, no sólo entre
nosotros, sino también a nosotros mismos. Esta revelación es tan
repugnante que la rechazamos. Dejamos de buscar otras cualidades
negativas internas. En este punto se produce el
reconocimiento del mal. El Creador nos advierte de antemano que Él fue
quien hizo la inclinación al mal y que somos nosotros los que debemos
revelarla al aspirar a Él. Por lo tanto, necesitamos un tipo especial de
temor. Tenemos que hacer esfuerzos para no espantarnos de ellos,
controlarnos, inspeccionarnos y revisarnos a nosotros mismos con
regularidad. Tenemos que darle una mirada de cerca
para comprobar si estamos evitando inconscientemente la revelación de
nuestro egoísmo como algo muy desagradable para nosotros. Por el
contrario, tenemos que disfrutar del proceso de la revelación del mal
dentro de nosotros, dado que es una etapa esencial de nuestro avance. Es
por eso qué tenemos que estar preparados para afrontar sensaciones muy
desagradables y disfrutar de ellas, puesto que acompañan nuestro avance
hacia el Creador. Al mismo tiempo, no debemos olvidarnos
de la grandeza del Creador. Nosotros no podemos imaginarnos qué es la
fuerza superior, que esta existe de hecho en el universo y no sólo en la
imagen limitada que sentimos ahora. Es imposible entender hasta qué
punto la imagen que habita en nuestros pensamientos y sensaciones es
artificial. Los científicos ya se han dado cuenta
que estamos en un estado latente, que vivimos en ilusiones y dentro de
una matriz que crea una imagen distorsionada, un sueño. Nuestro egoísmo
nos encierra dentro de nosotros mismos y por eso consideramos todo lo
que sucede como si se llevara a cabo dentro de nosotros. Sólo cuando
salimos y dejamos de estar sentados en la cáscara de nosotros mismos
comenzamos a sentir el mundo real. Antes de que suceda, es muy difícil de
visualizar qué es en realidad el superior. No es en absoluto como
nuestro universo, nada como el sistema solar y la Tierra o su
superficie. Solo visualizamos estas cosas como si estuviéramos dormidos,
como en nuestros sueños.

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