La mayor parte de todo el año que pasó le dio nuestra nación la
operación militar más larga en muchos años. Su singularidad está en el
hecho de que en última instancia, marcó y enfatizó el callejón sin
salida al que hemos llegado. La batalla ha terminado, pero todavía hay
una amenaza y no hay ningún lugar al que podamos escapar. En el momento en que termina otra ronda,
se cierne sobre nuestras cabezas la sombra de la siguiente ronda. Cada
vez se estancan por diferentes razones y se pospone cualquier toma de
decisiones con la esperanza de que las cosas de alguna manera funcionen
por sí mismas. Pero las cosas no han cambiado durante
décadas. Por el contrario, la conexión entre las contradicciones que hay
alrededor y dentro de nuestro país está fortaleciéndose. Esta es una
clara señal de que tenemos que hacer algunas auto aclaraciones antes de
que podamos aclarar y enfrentar nuestros problemas. El profeta Jonás se encontraba en una situación similar hace miles de años y es el héroe del libro que acostumbramos leer en Yom Kippur.
Curiosamente, esta historia sigue repitiéndose con regularidad y aunque
la atmósfera o el entorno puedan cambiar, siempre es relevante.
Nuestros tiempos no son una excepción. La trama parece una novela de aventuras,
dado que Jonás recibe una misión de Dios para que ayude a la gente de
Nínive a superar el odio mutuo que siente y a cumplir con el principio
de amor al prójimo como a sí mismos. Fue Abraham quien cumplió primero esta
idea y fundó la nación judía sobre esta base. No hace ninguna diferencia
hoy cómo lo logró él, lo importante es que la nación judía tuvo éxito
en hacer lo que es básicamente imposible. “¿Qué le habría sucedido a la humanidad
si Abraham no hubiera sido un hombre de una percepción aguda y si se
hubiera quedado en Ur y hubiera mantenido sus ideas para sí mismo y no
hubiera fundado ninguna nación judía única? El mundo sin judíos sería
sin duda muy diferente a la forma en la que lo vemos hoy. “(Paul
Johnson, científico e historiador británico). Hoy más que nunca, el mundo entero, no
sólo los judíos, árabes, rusos y ucranianos, están en la necesidad del
amor, o al menos de la comprensión mutua elemental. Al mismo tiempo, como en el pasado,
ideas similares se perciben como totalmente irreal. No es de extrañar
que Jonás decidiera escapar a ultramar, pensando que podría escapar de
la misión que se le había dado. Al igual que Jonás, nosotros también
estamos tratando de escondernos de los grandes e “inexpugnables”
problemas en nuestra rutina diaria y dejar que los demás se ocupen de
ellos mientras nosotros nos ocupamos de nuestros problemas personales.
Aunque nuestros problemas personales no son a escala global, al menos
podemos resolverlos. Toda nuestra vida es un ciclo de problemas
cotidianos por encima de los cuales a veces logramos a flotar. No es por casualidad que la historia de Jonás se lea en Yom Kippur. Desde la antigüedad viene el recordatorio de que es imposible escapar de la misión que se nos ha dado.

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