Si nosotros, el pueblo judío, comenzamos a unirnos para beneficio del mundo, ninguno de ellos se sentirá despreciado. Está dicho en los Profetas que las
naciones del mundo llevarán a los hijos de Israel sobre sus hombros y
los llevarán al Templo, es decir, al estado ideal. ¿Cómo podemos
entender esto? ¿Vamos a sentarnos orgullosamente sobre los hombros de
alguien? Por supuesto que no. Estamos hablando de
una asociación especial. La esencia es que sólo ellos son capaces de
darnos fuerza y nosotros tenemos que darles un propósito. Nosotros
mismos, en términos de la sabiduría de la Cabalá, somos una vasija de
otorgamiento, Galgalta ve Eynaim, y carecemos de fuerza. El
pueblo de Israel es pequeño y débil. Sin embargo, tiene la idea, el
mensaje, la visión de la meta, en otras palabras, las propiedades de la
cabeza, la fuerza de la mente que discierne, pero no la implementación.
Es necesario implementar el cuerpo: brazos, piernas, músculos, etc. Esta es la “división de la labor” entre
el pueblo de Israel y las naciones del mundo. Esas dos partes no pueden
funcionar la una sin la otra, y la cabeza realmente debe estar sobre los
hombros. Al recibir órdenes de la cabeza, el cuerpo va hacia la meta
correcta, hacia el Templo, y lleva a la cabeza. Entonces, no hay “ejecutivos” y
“obreros”, sino que existe un todo, dos partes que trabajan juntas, cada
una en su lugar. Como sabemos, en el sistema integral, en un solo
cuerpo con piezas interconectadas, todas las células son igualmente
importantes, no importa dónde estén localizadas. Después de todo, la perfección no puede
tener el más mínimo defecto, cualquier pieza, cualquier fragmento, juega
un papel crucial; los resultados finales se muestran sólo en la
comunidad, en vez de hacerlo individualmente. Sólo durante la corrección, los
elementos varían de acuerdo a la importancia con respecto al momento
actual; sin embargo, después de haber completado un sistema integral,
cada uno se vuelve igual. Así, nadie se siente despreciado. Podemos mencionar uno de entre varios
ejemplos de nuestros amigos de diferentes países, que alguna vez fueron
miembros de organizaciones antisemitas, pero ahora se adhieren a
nosotros. En otras palabras, todo depende de
nosotros. En todos los reclamos y descalificaciones, está “oculto” el
mismo mensaje: ¡El pueblo judío es culpable de lo que está sucediendo!”
en realidad, nos urgen restaurar el orden. Esta es la manera en que su fuerza
colectiva desde el nivel de la perfección integral los hace actuar, para
que presionen hasta el final, desde todos lados. No existe nada
superfluo; todo está calculado dentro del sistema. Y si respondemos
apropiadamente a los ataques, entonces, antes que nada, inmediatamente
convertiremos a los acusadores en quienes nos ayudan. Por ejemplo, sin importar qué antisemita
más ardientemente era Ford, al mismo tiempo, escribió que Israel tenía
que liderar al mundo hacia la perfección. Estaba consciente del
potencial inherente a nosotros. Los más grandes antisemitas entendían
ese propósito, del cual nosotros no estamos realmente conscientes. Una vez que nos pongamos a trabajar con
todo nuestro corazón, esforzarnos por la perfección para entregársela a
las naciones del mundo, su actitud cambiará. Más aun, precisamente su
perfección llevará al sistema general a la corrección final. Por lo tanto, inmediatamente sentiremos
su apoyo. De pronto, resultará que están dedicados a nosotros con su
corazón y alma, en una medida en la que nosotros mismos no somos
capaces. En realidad, es la “cabeza”, la mente, la que nos lo impide, la
que identifica y aclara constantemente los nuevos caminos para el
sistema. Por el contrario, ellos se aferrarán a nosotros fuertemente,
basados en esa “sensación”.
Resulta que el verdadero trabajo que necesitamos hacer no es entre los árabes israelíes, sino en nuestro propio entorno.

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