Los últimos 60 a 70 años después de la Segunda Guerra Mundial, pensamos que habíamos creado un entorno bueno, viable. En Estados Unidos, Europa, Israel y en
muchos otros países, el pueblo judío comenzó a sentir más confianza, no
como exiliados a merced de los anfitriones que podían hacer lo que
quisieran con ellos. Por el contrario, comenzaron a comportarse como
iguales. Es bastante sorprendente cuán rápido
cambian las cosas. Después le dimos al mundo gran cantidad de
científicos destacados, culturas florecientes y economía, hicimos
enormes contribuciones en todas las esferas de la vida humana, de
repente, apareció una nueva oleada de sorprendente antisemitismo. La intensidad de esta, es tan mala que en algunas ciudades de América, los judíos tienen miedo de llevar Kipá (Yarmulkes) en las calles. Nuestros hijos son golpeados en las universidades y acusados de todo tipo de pecados. Los antiguos, primitivos y densos
prejuicios que repiten la vieja calumnia sobre los judíos que
supuestamente “beben sangre en la Pascua”, que encabezan un gobierno
secreto mundial que quiere dominar el mundo, y, en general, son
culpables de todos los desastres que la humanidad está atravesando, se
han revivido ahora nuevamente. Vemos que este sentimiento es inherente a
los seres humanos por naturaleza y no depende de los niveles de
desarrollo o de la cultura. Las naciones del mundo viven junto a
nosotros; nosotros existimos entre ellas, no obstante, de repente,
una animosidad deprimente, salvaje, medieval, se despierta en ellas. ¿De dónde provienen estos problemas?
¿Por qué nos terminamos de estar en el centro de todos los
predicamentos? ¿Por qué provocamos el odio en ellos? Millones de
personas de todo el mundo participan en las manifestaciones contra los
judíos. Los estudiantes y profesores universitarios firman peticiones
contra el estado de Israel. Incluso los judíos que no están
dispuestos a asociarse con Israel todavía caen en una categoría de
personas odiadas y perseguidas sólo por su etnia judía. La cosa es que el antisemitismo es una
parte de la naturaleza. Todos los grandes pensadores señalaron este
fenómeno. Einstein escribió que el antisemitismo es una sombra de
nuestra nación que no podemos ocultar. De hecho, la animosidad de los judíos,
incluso emerge en los países donde los judíos nunca se han asentado.
Realmente, nunca hemos tenido ninguna relación con estas naciones, pero
de alguna manera todavía somos objeto de su odio. Independientemente del
hecho de que ayudemos a muchas naciones del mundo y expresemos nuestro
deseo de mantener buenas relaciones con ellos, aun así nos consideran
parias: los más extraños, las criaturas más incomprensibles que no
pertenecen a este mundo. ¿De dónde viene esta sensación? ¿Qué es: una maldición o una bendición? ¿Cuál es la raíz del problema? Para comprender este fenómeno,
volvámonos hacia la historia, al momento en que nacieron nuestros
pueblos. Hace aproximadamente 4000 años, en la antigua civilización de
Babilonia, sus habitantes vivían en paz y amistad. De repente, apareció
un creciente descontento entre ellos, una escalada de reproches mutuos, y
un aumento de la sensación de distanciamiento entre su pueblo. Los buenos amigos que hablaban el mismo
idioma y que se entendían muy bien, se volvieron una entidad hostil
basada en los celos, el odio y la rivalidad. Los cambios notables que
atravesaron desencadenaron una pregunta en ellos: “¿Qué está pasando con
nosotros?” En ese momento, un antiguo sacerdote
babilónico, Abraham, uno de los muchos que exploraba este fenómeno,
encontró una solución a ello. Mediante el estudio de la naturaleza como
filósofo, astrónomo y un gran científico de su época, llegó a la
conclusión de que este estado se debía a la naturaleza misma de la
sociedad humana que se desarrolla a propósito de la manera en que lo
hace, la cual se sumerge en su propio egoísmo y, finalmente, tendrá que
elevarse por encima del ego. Según Abraham, el período de paz que una
vez disfrutaron babilonios se los dieron como ejemplo. Más tarde,
apareció la era de la manifestación del ego, una cualidad negativa que
puso en peligro su buen estado. Esto no fue accidental. Más bien sucedió
porque las personas tenían que crecer conscientemente, imponiéndose al
egoísmo que las apartó, les separó unas de otras, y amenazó con destruir
completamente toda la civilización. Abraham explicó que los habitantes
de Babilonia tenían que recuperar la cooperación positiva entre ellos a
pesar de violento egoísmo que había en ellos en ese momento. Dado que él era un gran científico, un
líder espiritual de la nación, hizo que su teoría fuera clara para la
consideración del público. También comenzó a difundir esta idea por
todas partes. Así, en un corto período de tiempo, la antigua sociedad
babilónica aprendió sobre el punto de vista de él. La parte del pueblo que entendió su
enfoque y aceptó su solución al problema, respondió a su llamado y lo
apoyó. Sin embargo, la gran mayoría de las personas no estaban
dispuestas a aceptar sus ideas. De acuerdo a su etapa de desarrollo
interno, ellas estaban seguras de que debían continuar tranquilamente su
existencia, que les parecía muy bueno. “¿Por qué es malo?”, le preguntaron.
“Sí, competimos unos contra otros… ¿y qué? Por eso, desarrollamos
ciencias y promovemos la cultura. La competencia nos da estímulo
adicional para un rápido desarrollo”. Esto erara cierto ya que el
egoísmo mejoraba en los humanos para empujarlos a la siguiente etapa de
desarrollo. Esta situación abrió dos caminos de tal
forma que los babilonios pudieran elegir. El primer camino era sobre el
desarrollo de la moralidad en la sociedad en la que prevalecía una
interconexión benevolente entre todos sus miembros por sobre los logros
científicos y tecnológicos. Este método estaba basado no en destruir el
egoísmo, sino más bien en la elevación por encima de él y la
construcción de una conexión aún más fuerte entre todos. El segundo camino era sobre el avance
egoísta interno. Estaba basado en la competencia y la supresión de
otros. Sin embargo, estimulaba el progreso tecnológico. Esto explica el por qué sólo una pequeña
parte de los babilonios se unió al grupo de Abraham. Él los llevó a la
tierra de Israel. De este momento en adelante, sus seguidores fueron
llamados “Israel”, lo cual significa “directamente hacia el Creador”, es
decir, hacia la fuerza superior de la naturaleza que nos gobierna y nos
motiva a unirnos. Así es como nació la nación judía. La humanidad se dividió en dos partes
ideológicamente opuestas: los judíos que perseguían la meta de la unidad
de acuerdo a la regla de “ama a tu prójimo como a ti mismo”, y las
naciones del mundo que eran contrarias a esta norma debido a su intenso
antagonismo y a la inclinación por el desarrollo técnico y material. Ambas partes eran totalmente
contradictorias entre sí en cuanto a su filosofía ante la vida. Esta es
la principal diferencia entre el pueblo judío y el resto de la
humanidad. Este es el origen de la constante animosidad de siglos de
duración con respecto a los judíos.

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