De pronto, los despidieron del trabajo o sufrieron una terrible enfermedad. De pronto, alguien muy cercano y querido fallece. Y entonces, se preguntan realmente, ¿qué he hecho?, ¿por qué merezco esto, de repente, en el medio de la vida, a mí? He escuchado este tipo de preguntas miles de veces, de personas que venían a verme pidiéndome algún consejo, y yo no sabía qué contestar. Intenté de alguna forma ayudar, diciéndoles que así debe ser, no hay lo que hacer, pero en verdad, esa no es una pregunta. No es un pregunta. ¿Por qué merezco esto? Yo no lo puedo saber. Yo no sé por qué lo merezco, eso proviene de la raíz del alma y cada cosa que recibo es algo nuevo, cada momento es un momento nuevo y no tiene ninguna relación con lo que hubo antes, sino que todo depende del programa general, de la humanidad general, del alma general y lo que me llega, proviene de allí. Y yo estoy conectado a una infinidad, de infinitos factores que llegan a mí y así se determina. ¿Por qué? Puede ser que algunas partículas del alma que se encuentran muy lejos de mí, sean ahora las causantes de lo que me va a ocurrir y viceversa, que yo lo propicie a ellas. Porque nosotros, en conjunto, todas las almas nos encontramos juntas como una sola alma, el alma de Adam.

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