La Europa de hoy recuerda a ese convulso período de la antigua Babilonia en el que prevaleció la división entre personas. Analizar esa época histórica nos ayudará a entender por qué, en la actualidad, el viejo continente encarna la esencia de la humanidad y cómo la reparación de su tejido social puede significar un importante precedente para resolver desafíos similares en el resto del mundo.
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