Baál HaSulám, “La Esencia de la Religión y Su propósito”: “Mientras más dulce es el fruto al final, más amargo y desagradable es su aspecto en las fases iníciales de su desarrollo”. Nadie es tan sabio como uno que tiene experiencia. En el estado embrionario él ya ve la perfección final. ¿Pero cómo podemos ser sabios si no vemos el final? Tenemos que aprender de los ejemplos que nos muestran los cabalistas y encontrar la evidencia en cada paso. Debemos unir todos los estados que alcanzamos durante nuestra experiencia espiritual, aunque esta sea pequeña. Todo llega gradualmente por medio de los ascensos y descensos: un poco de lo amargo, un poco de lo dulce. Y de esta manera paso a paso debemos superar los obstáculos para crecer más y más. Nuestro crecimiento consiste en la superación de los estados inmaduros de la fruta hasta que empecemos a distinguir qué es la dulzura. Desarrollarse no significa fortalecer nuestro estado inicial. Porque en este caso este estado va convirtiéndose en más y más amargo. No. Debemos convertir lo amargo en dulce, crear una oposición, obtener la cualidad del otorgamiento por encima de la cualidad de la recepción, para que esto crezca. Esto significa endulzar el estado inicial; son las etapas de la maduración de una fruta, una vasija espiritual. Durante cada estado debemos enfocarnos no en el crecimiento cuantitativo, sino en el perfeccionamiento cualitativo. Todo lo amargo lo convertimos en dulce gracias a lo que entendemos: recibimos lo amargo para superarlo. Trabajamos por encima de lo amargo, entonces en esta creciente amagadura dentro de nosotros surge una dulzura más grande, hasta que la fruta (la vasija) se madura.
Cuando el Ser Humano descubre la verdadera esencia del Creador y se comporta segun esa naturaleza, de otorgante o dador, ese acercamiento es tan intenso, que se da cuenta que no necesita de su religion, esta permanece solo como parte de su entorno cultural y social en este mundo.
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25.3.11
Convierte lo amargo en dulce
Baál HaSulám, “La Esencia de la Religión y Su propósito”: “Mientras más dulce es el fruto al final, más amargo y desagradable es su aspecto en las fases iníciales de su desarrollo”. Nadie es tan sabio como uno que tiene experiencia. En el estado embrionario él ya ve la perfección final. ¿Pero cómo podemos ser sabios si no vemos el final? Tenemos que aprender de los ejemplos que nos muestran los cabalistas y encontrar la evidencia en cada paso. Debemos unir todos los estados que alcanzamos durante nuestra experiencia espiritual, aunque esta sea pequeña. Todo llega gradualmente por medio de los ascensos y descensos: un poco de lo amargo, un poco de lo dulce. Y de esta manera paso a paso debemos superar los obstáculos para crecer más y más. Nuestro crecimiento consiste en la superación de los estados inmaduros de la fruta hasta que empecemos a distinguir qué es la dulzura. Desarrollarse no significa fortalecer nuestro estado inicial. Porque en este caso este estado va convirtiéndose en más y más amargo. No. Debemos convertir lo amargo en dulce, crear una oposición, obtener la cualidad del otorgamiento por encima de la cualidad de la recepción, para que esto crezca. Esto significa endulzar el estado inicial; son las etapas de la maduración de una fruta, una vasija espiritual. Durante cada estado debemos enfocarnos no en el crecimiento cuantitativo, sino en el perfeccionamiento cualitativo. Todo lo amargo lo convertimos en dulce gracias a lo que entendemos: recibimos lo amargo para superarlo. Trabajamos por encima de lo amargo, entonces en esta creciente amagadura dentro de nosotros surge una dulzura más grande, hasta que la fruta (la vasija) se madura.
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