Cuando
trato de imaginar cómo tiene que ser realmente mi nivel espiritual y si
puedo elevarme a él por medio de mis sensaciones, mi conocimiento y mis
esfuerzos, veo que no puedo. Si llego a las conclusiones
correctas, descubro que sin la ayuda del Creador no podré arreglármelas.
Después de todo, yo tengo que corregir mi intención
con el fin de otorgarle al Creador y puedo alcanzar eso sólo a través
del amor por los demás, por medio de la conexión con los amigos. Aquí veo hasta qué punto yo trabajo en
la dirección opuesta, olvidando todo sobre el amor por los demás,
incapaz de pensar constantemente en la garantía mutua, en la conexión y
en el amor de los amigos. Parece que el amor de amigos y la
corrección de mis deseos son dos cosas diferentes. Tengo que amar a los
amigos y entonces estaré listo para hacerles un favor y acercarme un
poco más cerca de ellos. Pero la corrección de mis deseos y la
revelación del Creador son cosas íntimas personales que me pertenecen
sólo a mí. No me puedo conectarlas a estas condiciones y este es
nuestro principal problema. Así que tenemos que trabajar constantemente en la conexión de “Israel, la Torá y el Creador”. La Torá sólo es revelada por la Luz que Reforma, la cual conecta todos estos componentes. Después de todo, la regla importante de la Torá es “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. La Torá son todas las vasijas y todas las Luces en el cual se revela el amor, a partir de una conexión tan fuerte que se convierte en amor. Tenemos que imaginar una vasija común llamada la “Torá“,
que es todo el deseo de recibir que fue creado y que está roto en
pedazos que están muy lejos unos de otros y llenos de odio mutuo.
¡Quiero que todo esto sea cubierto con amor; yo realmente quiero esto!
Así que necesito al Creador y yo me enfoco en Él a través de este deseo
colectivo. En ese caso, yo realmente necesito al
Creador. Yo le convoco a Él no sólo para que Él me dé placer, sino como
resultado de un dolor insoportable causado por mi incapacidad para
conectarme con el amor general en las relaciones entre nosotros. Este amor tiene que expresarse de alguna
manera hacia el grupo, hacia los amigos, aun cuando no sea abiertamente
sino más de manera interna. Esto ya depende de la persona, del tiempo,
de la altura en la que ella está. Los cabalistas de Kotzk acostumbraban
expresar externamente una actitud opuesta; nosotros en cambio seguimos
las instrucciones del Rabash de mostrar abiertamente amor y preocupación
por los amigos. Nosotros sólo tenemos que estar
constantemente preocupados por la vasija general, por la de la conexión
general que atrae la Luz que Reforma y la Luz que llena la vasija. El
Creador se revela sólo en esa vasija, como aquel que la construye, la
sostiene, la sana y la llena. Todo esto ocurre en ese estado, el
problema es que no nos lo imaginamos correctamente, sino que creemos que
el Creador puede ser revelado en nuestro interior y entrar en nuestros
corazones individuales. Así es como piensa cada egoísta, dado que él
tiene por costumbre atraer toda la bondad y todos los logros hacia sí
mismo. Este es todo el problema. Sólo por medio
de la garantía mutua podemos apoyarnos unos a otros para mantenernos
enfocados en el centro del grupo, en la nación de Israel y en el mundo
entero como un sistema en el que todo sucede. No existe nada además de
eso. De lo contrario, simplemente no estamos
viviendo en la realidad. Todas las otras perspectivas excepto ésta son
llamadas “una realidad imaginaria”. Ni siquiera es tan imaginaria como
nuestro mundo, sino que en realidad es ficticia y totalmente egoísta. Así que nosotros tenemos que descubrir
la serpiente que se interpone en nuestro camino, la cual nos regresa
constantemente hacia nuestro corazón impuro. En ese caso, es imposible
que podamos arreglárnoslas sin la decisión del grupo de que esta tiene
que ser nuestra única preocupación y sólo gracias a la ayuda de los
amigos puedo yo permanecer centrado correctamente en el grupo con el fin
de ver mi corrección en él. Esta es la razón por la que nosotros no
podemos pensar en el beneficio del Creador, en el verdadero
otorgamiento; todo depende de los demás, nuestros pensamientos están
dirigidos en dirección a la recepción y no al otorgamiento. La
revelación del Creador parece un caramelo dulce.

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