Volverse
como la Luz significa alcanzar el grado de otorgamiento. Al principio
es necesario que se separen de los niveles inanimado, vegetativo y
animado, que comprendan el grado humano, el grado del Adan, aquel que es “similar” (Domeh)
a la Luz, al otorgamiento. Es necesario averiguar cómo reunir piezas
del otorgamiento o acrecentarlas dentro, a través de la corrección de mi
relación con mi entorno y con el Creador. Este trabajo lo hago cada vez por encima
de mi deseo, que está dentro de mí de manera natural, en el nivel
animado. Y construyo el grado humano, la forma de otorgamiento, por
encima de él. Cuanto mejor comience a distinguir la persona entre estos
dos conceptos, mayor es la diferencia que comienza a sentir entre la
forma animal dentro de ella y la forma humana, que está por encima de
este animal. Todo nuestro trabajo se lleva a cabo en la frontera entre
la primera y la segunda forma, con el fin de incrementar la forma humana
dentro de nosotros No es fácil separar estas dos formas
dentro de nosotros de tal manera que las percibamos de una forma
completamente igual, como una pareja inseparable: como un jinete montado
en su caballo. Solo así podremos alcanzar la comprensión de lo que son
un animal y un ser humano. Este es el trabajo principal de un
principiante que necesita calcular cuanta atención puede dedicarle a su
animal y cuanta a su humano, con el fin de separar y poner a cada uno en
su lugar, para que uno pueda controlar al otro.

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