Imagina que el presidente viene a nosotros en una visita especial para
conocerlos. Él nos pregunta por ti y dice que ha estado buscando una
persona como tú durante años hasta que se hizo evidente para él que tú
estás aquí. Él viene a ti con su séquito, estrecha tu mano y luego
entran juntos en la sala de conferencias para una charla después de cual
salen con los rostros iluminados, él entra en el coche presidencial y
sale hacia la casa presidencial. Después de esta visita tú sigues como de
costumbre con tus amigos, pero nosotros ya te miramos de otra manera.
Ya sea que lo queramos o no, nosotros tenemos que ser cuidados. Algo
nuevo se ha creado entre nosotros y no sabemos cómo relacionarnos
contigo, cómo comportarnos cuando estamos cerca de ti. Tú dices algo y
nosotros te escuchamos con escepticismo, pero prestamos mucha atención a
cada palabra que dices. Nuestra atención se centra en ti, ya dependemos
de ti, nuestro ego
está “bloqueado” sobre ti y no hay nada que podamos hacer al respecto.
Esta es la forma natural de postración, de reverencia, esta es una
parte naturalmente innata de nosotros. Pero éste no es el verdadero trabajo. Si
yo deseo conectarme con el Creador y alcanzar una equivalencia de forma
con Él, tengo que elevarme por encima de mi naturaleza,
convertirla en algo que es opuesto y desconocido en su contrariedad.
Por supuesto, será muy difícil cumplir con esto, puesto que es como si
yo me estuviera volteándome al revés, como un guante que sale de mi
piel, matándome a mí mismo. Pero puede hacerse fácilmente. Los
cabalistas dicen que no es un problema en absoluto. Si yo tengo el
combustible suficiente y entonces todo el camino puede convertirse en
una agradable aventura, en un paseo por el zoológico. Yo iré de una
jaula a otra, de un animal a otro y corregiré mis deseos hasta que deje
el “reino animal” como un ser humano, Adam. Se trata del combustible que viene a mí
en una cadena: desde el Creador, a través de los cabalistas, del maestro
y de los amigos. Así que tengo que ser incorporado en el grupo
con el fin de sentirme impresionado por los amigos y aceptar lo que es
importante para ellos. El maestro es quien es importante para ellos, es
una persona que realmente no me gusta, por quien me siento rechazado, a
quien encuentro antipática. Automáticamente lo desprecio y no veo nada
en él que yo valore. Pero entiendo que todo esto se me
presenta de esa manera de forma intencional, y así utilizo estos medios
para examinarme a mí mismo de acuerdo al simple criterio: ¿Quiero yo
escuchar lo que dice el maestro y cumplirlo? Cumplir lo que él dice no
como un compromiso “animal”, sino con el fin de alcanzar al Creador que
está detrás de él.

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