Está prohibido que la persona abandone al público, pida
por sí misma, ni siquiera para darle contento a su Hacedor que no sean
para el público, porque el que deja al público, pide por su propia alma
individualmente, no está construyendo, sino que está trayéndole
destrucción a su alma, y uno tiene que reunir todas sus fuerzas, a la
generalidad de Israel en todos sus virajes hacia el Creador, en oración y trabajo, e integrarse en la raíz de todo Israel. Resulta que yo no quiero hacer nada
bueno, incluso para el Creador, si no es para el beneficio de la
comunidad, a través del beneficio de la comunidad, en conexión con la
comunidad. Si hay algo sagrado, entonces, en primer lugar, es la
comunidad, toda la humanidad, si entiendo la importancia de la
comunidad, entonces, con baso en esto, yo puedo alcanzar la importancia
del Creador. Nuestra alma común
ya está rota en nuestra percepción. Sin embargo, al oración por sí
misma, la persona se vuelve impura, es decir que ella desciende al
estado negativo, que es mucho peor que el original. ¿Por qué lo vemos así? Después de todo,
la persona que “deja al público para pedir por sí misma de forma
individual” no lo hace a expensas de los demás. Ella sólo dice al
Creador: “¡Quiero ser corregido, arreglado. Quiero alcanzar el
otorgamiento. Así que, por favor, dame fuerzas para otorgar y traerte
contento a Ti!”¿Causa ella realmente la “destrucción de su alma?” ¿Cómo
puede ser? Ella está orando desde su corazón. Este es su sentimiento
sincero, por el cual no puede ser responsable. El corazón está llorando,
¿Qué se puede hacer? Sin embargo, no, yo tengo que hacer todo
tipo de acciones externas para que mi corazón quiera algo más y esto
está dentro de mi capacidad. Nuestro trabajo se lleva a cabo desde el
corazón, por encima del corazón, para que no pida cosas malas y
equívocas, para que no pida para sí mismo, incluso si la persona quiere
corregirse y darle contento al Creador. Esta petición ya es impureza, la
destrucción del alma. Es por eso que yo necesito las acciones que establecen ante mí la única tarea: la unidad.
Yo no soy capaz de volverme hacia la petición correcta, en nombre de mi
propio corazón, el cual está roto y desconectado del colectivo. No
puedo darle contento al Creador a menos que me una con otros, porque no
tendré el verdadero deseo de otorgar ¿desde qué lugar me volveré
hacia Él? ¿Desde mi propio “yo?” Esto es imposible, porque éste está
separado de la totalidad y yace por debajo de todos los grados
espirituales, por debajo de la escalera espiritual. Yo no estoy parado
ni siquiera en el borde inferior de la escalera que va al cielo, a la Maljut del mundo del Infinito. Por lo tanto, lo más importante es que
nosotros nos unamos. Si yo me preocupo constantemente por la unidad,
entonces todo lo que provenga de esta será correcto. Por el contrario,
si no pienso en la unidad, entonces, incluso las mejores intenciones,
las palabras más correctas y la devoción completa, son la esencia de la
impureza, de la destrucción del alma. Esto es lo más importante para nosotros durante los días previos a la convención
en San Petersburgo. La preparación debe dirigirnos a la única acción,
hacia la unidad y todo, sin importar de qué se trate, será bueno en
ella. “En todos los virajes hacia el Creador,
en la oración y en el trabajo”, nosotros, en primer lugar, todo el
tiempo pedimos por la unidad para el colectivo, por la unicidad y nada
más. Así, nosotros nos “integrarnos en la raíz de todo Israel“, es decir, en el centro del grupo, que apunta directamente hacia el Creador (Yashar El). Todos nuestros esfuerzos están dirigidos hacia su unidad e interconexión.

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