De hecho, la historia misma se ha encargado de
esto en vez de nosotros, nos ha preparado un hecho establecido,
suficiente como para una apreciación completa y una conclusión
inequívoca. ¿Es suficiente con que nos preocupemos
sólo del mundo cuando nos acercamos al público? ¿Es suficiente con que
construyamos una vida feliz, integral, global, una sociedad
en la que todos trabajemos juntos en colaboración y coopera con los
demás? ¿O deberíamos dirigir todas nuestras acciones hacia el deleite
del Creador, hasta el punto de que sin ella no podríamos levantar un
dedo y atravesar ningún problema por esta humanidad doliente o prestar
atención a lo que está pasando? Si es imposible deleitar al Creador,
entonces dejemos que se queme el mundo entero. Yo les presento esto de manera brusca y
con todo rigor a propósito, aunque no todos lo entenderán. Después de
todo, en realidad, es el nivel superior
el que determina todo lo que se refiere al nivel inferior. Si nosotros
anhelamos y nos centramos en la meta de la creación, esto significa que
tenemos un deseo que se corresponde con ella, un punto en el corazón que
está conectado con la meta de la creación y no un anhelo social amable,
mundano. Nuestro trabajo en el camino hacia el final de la corrección
es, básicamente, confiar en el principio de “Israel,
la Torá y el Creador son uno”. Esto significa que si el Creador no es
parte de nuestros planes, no tendremos éxito en nada de lo que hagamos y
todas las iniciativas buenas se volverán inútiles intentos por
establecer el comunismo o los Kibbutzim y nada más que eso.

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