“La destrucción de los
viejos es construcción, la construcción de los jóvenes es destrucción”
(Meguilá 31b). Los viejos son aquellos que son habituales en el servicio
al Creador. Los hombres jóvenes son los que están comenzando su
trabajo. Destrucción es lo que llamamos descenso o caída. Que
anteriormente ellos tuvieron algún tipo de ascenso en el trabajo, lo
cual fue considerado como constructivo, es decir que ellos pensaron que
se trataba de ascensos. Pero la destrucción en el momento en que
sintieron algún tipo de caída, la cual proviene del ocultamiento del
Creador, es decir que el Creador se oculta de ellos, es llamada
destrucción. En la destrucción de los viejos,
cuando ellos dicen que el Creador le envió el ocultamiento, se encuentra
que ellos ya están en construcción, puesto que el Creador
se hace cargo de ellos; de esto reciben vitalidad. La esencia de la
fe se revela en el momento del descenso; es decir, en el momento que Él
no ilumina a la persona, porque entonces ella está parada ante los
dilemas. O bien ella dirá: “Yo no necesito ningún beneficio, más bien
quiero dar satisfacción arriba, y para mí no es importante lo que
siento, o, Dios no lo quiera, lo opuesto”. “La construcción de los viejos es
construcción. “Si llega a los viejos el “ocultamiento”, los escombros,
entonces sobre estos, ellos construyen un nuevo nivel de experiencia. Un
viejo es un sabio que adquiere el camino de la Torá. Los hombres jóvenes (la juventud),
quienes no tienen experiencia en el trabajo, aunque merecen
construcción, ascenso, no pueden construir nada y con estos ascensos,
mientras tanto, ellos construyen contradicciones, ruinas, descensos,
decepciones, hasta que la Luz Superior influya en ellos, los transforme
en viejos, luego ellos “restauren” desde arriba todos los escombros,
las contradicciones que construyen en el proceso de construcción; es
decir, que eleven las “Reshimot” rotas y las corrijan. De esta manera
comienzan a construir sobre los escombros. Todo esto es gracias a su
fe. La “Luz de la fe” es a lo que se le llama Luz Superior, la Luz del
otorgamiento que ilumina a la persona y hace que sea posible que ella
pase de la “destrucción” a la “construcción”. Los escombros, las “contradicciones”
(conflictos) son los pensamientos difíciles y las dudas que dominan a la
persona y ocultan de ella la unidad de la supervisión. Por nuestra
experiencia, nosotros sabemos que si la persona sigue siendo terca,
entonces la Luz Superior
actúa gradualmente en ella “un centavo tras otro, se acumulan en una
gran suma”. Así, en última instancia, ella alcanza un estado que a
través del discernimiento de los conflictos, a partir de los descensos y
de las decepciones, comienza a ascender.
De lo contrario no podemos ascender, más
bien podemos hacerlo sólo a través de la sensación del exilio, la
bajeza, en otras palabras, a través de la sensación de ruptura,
sintiendo la crisis. Sólo desde este estado comienzan todas las
criaturas el camino de su ascenso.

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