Caemos
cada vez más profundamente, porque cada vez se nos revelan deseos
egoístas más fuertes, más toscos. Como está escrito: “El que es mayor
que su amigo, su deseo es mayor que el suyo”. Tenemos que estar inmersos
en un mayor egoísmo para
alcanzar una mayor Luz Reflejada, a través de trabajo en él. Cuanto más
bajo descendamos a nuestros deseos, más alto nos elevamos debido a la corrección, uno contra el otro. De lo contrario, es imposible. Tales son las leyes, incluso en física de la materia, no sólo en el espiritual. Un descenso contiene toda la información
sobre el próximo paso. El problema es sólo que, cuando estamos en
descenso, nosotros perdemos la sensibilidad y no podemos sentirlo. Si
hubiéramos sentido lo que obtenemos de un descenso, entenderíamos lo
poderosas herramientas que tenemos. El único problema es que todos los
órganos de los sentidos dejan de funcionar en el descenso y no podemos
revelar nada. En esencia, la diferencia entre el descenso y el ascenso
es que la Luz viene, nos da una nueva actitud hacia nuestro egoísmo y
hacia el Creador y nosotros sólo tenemos que atar esto a uno, Israel
(nuestro anhelo por el Creador), la Torá y el Creador, entonces usaremos correctamente el egoísmo que se nos revelado.
Cambiar nuestra actitud ante lo que se
revela en el descenso es llamado un ascenso. Sin embargo, lo más
importante es el descenso, ya que es la revelación de nuevos deseos en
los que luego experimentamos un nuevo mundo, más elevado, exaltado,
expansivo y esto siempre sucede durante la revelación de la oscuridad.
Como está escrito: “Hubo tarde y hubo mañana, un día”.

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